jueves, 28 de octubre de 2021

Cascarón.

 

El primer impacto fue la presión del otro cuerpo sobre el mío, una fuerza asfixiante sobre el agua pesada que me rodeaba como una albúmina azucarada, paciente. Sentí la necesidad de abrirme, de estirar los bordes y llegar hacía la claridad opaca que reclamaba desde el final del túnel. Salir, necesitaba salir. No lo sabía, ahora lo sé. Entonces mi mollera rompió la malla, el entramado que separaba el ahora del después. Fui un pulso vital empujando, destrozando el instante con mi carne ensangrentada, grasosa y sin heridas. Escuche un aullido de dolor, instintivamente con un movimiento mínimo giré la cabeza, de eso se trataba. Otro grito, mayor al anterior, mi cabeza primero y mi cuerpo gelatinoso después, se expandieron hacia el infinito. Así llegué hacia la luz, fui como un rayo atravesando la oscuridad de su cuerpo, de su yema.No lo sabía. Ahora lo sé. Era la vida apropiándose del momento, una sensación de libertad que ni bien llegó se despedazo en millones gotas, en miles de escombros cayendo sobre un mundo ingrávido y frío. Más dolor: de lo calido y oscuro, a la luz helada y brillante, como si eso fuese algo natural. Me asomé desde los sentidos, desde las venas, el pasado se transformó en rojos, rosados, negros y blancos con millones de puntitos movedizos y eléctricos sacudiéndose impacientes bajo mis parpados apretados. Después de reventar las paredes de eso que llamaban amor, llegaron otras voces que decían cosas que no pude entender. Luego, mi llanto, los pulmones llenándose de aire nuevo y extraño. En mi boca se dibujó una mueca hacia arriba, una curva. Antes no lo sabía, ahora lo sé, quería sonreír.

 fino.                                                                                          Octubre 2021. 

Música de fondo: Un Plan - Diego González.

martes, 26 de octubre de 2021

Talveces

                                                                                                                                    



Tal vez un viento frío

tal vez tus ojos verdes

tal vez mis ojos tristes

tal vez tus palabras hirientes

tal vez mi mal humor.

 

Tal vez mi intolerancia

tal vez el calor de tu cuerpo

tal vez las muertes en la infancia

tal vez la fantasía del dolor.

 

Tal vez las drogas

tal vez el alcohol

tal vez las ganas, talvez el sol

tal vez verte llegar.

 

Tal vez la vida

tal vez nuestras caricias

tal vez el mágico juego de perdernos

tal vez la suerte.

 

Tal vez la serpiente

tal vez la soledad

tal vez tu adiós

tal vez tu vino dulce.

 

Tal vez el ruido

tal vez el fuego eterno

tal vez la leña seca

tal vez el abismo

tal vez es que simplemente llegó la hora.

 

   (gracias J.M )

fino.             

Música de fondo: Depois - Marisa Monte.

jueves, 14 de octubre de 2021

Cualquier 24 de Agosto.

 


 

Caminé desde la pared del salón comunal en la plaza de los Nichos, hasta que descarrilé en Ariel y la vía. Me quedé apretando otros ladrillos rajados que se fueron apilando detrás de la estación. Mi mundo disparó lágrimas y risas, atrincherado ahí, en esa vereda, en ese bar, mientras aguantaba la barra. Con un par de pasos llegué hasta el cine (que ya no es) y con otro paso traté de gambetear Moro y su florería, donde te acostaste a dormir.

Vos te quedaste ahí, y yo no quise entrar a mirarte. No era necesario hacerlo. Tampoco fui capaz de hacerlo. No fui capaz de dar pesares y abrazos, ni de ser saludado por bocas que nunca existieron. El Coco y Vero me vieron, me escucharon. A la vieja Carmen no me dio para encararla, había que ser muy valiente, yo nunca lo fui. Había más gente afuera que adentro. Vos dormías. Con veinte y pocos, con una sonrisa más grande que tus orejas, y eso ya es mucho decir. Vos dormías ahí, con un tirador suelto del jardinero, con el flequillo perfectamente armado. Siempre posando con el cigarro atado a la mano y con una botella. Te extraño hermano. Me acuerdo que salteamos el hambre, pero no la sed y eso estuvo mal. Claro que es fácil decirlo más de cien años después, yo con hijos, con canas y más aire que vos. Nada de lo que pueda decir será suficiente. Nunca será suficiente ¿De que vale hablar cuando mirarnos a los ojos siempre fue lo más importante?

Vos acá, adentro mío.

Llegar a tu casa y gritarte bajito en la ventana, te calzabas los championes, te mojabas el pelo y estabas pronto para meterte en problemas, esos de los que siempre alguno de nosotros, seguro, te iba a sacar. Agitar unos limones y partirnos en un abrazo. De los Nichos al Cometa cada viernes con la felicidad del Coco y la risa de la Carmen cuando intentabas bastonearle una moneda. Los agudos de Patricia, la paciencia de Vero y vos con algún llanto de botella buscando un “no sé qué”. Te extraño siempre, no solo los agostos.

Quizás ahora si podría decirte a todo que no.

Quizás ahora volvería a temblarme la voz al pedirte que no hicieras ciertas cosas, pero fue mi culpa también cuidarte la felicidad.

No tengo palabras, pero si mil silencios. Solo quiero pedirte que no me olvides. No hay palabras, solo mil millones de años, hermano.

 fino.

 Música de fondo: 7 Veces - O Rappa.

jueves, 7 de octubre de 2021

La Noche del Lobo.

La carga demoledora de una canción rebotaba y rebotaba sobre su mente entrenada. El Lobo enjaulado estaba a punto de explotar. Lo sabía. Aguantó la respiración todo lo que pudo, luego exhaló buscando purificar algo de la sangre espesa que corría por sus venas apretadas a fórceps contra la carne. Un vacío insoportable se acomodaba en su pecho al tiempo que los cambios robóticos de las luces marcaban sus ojos con diferentes tonos de rojo. La saliva blanca y espumosa, comenzó a escapársele de su boca dura, empedrada. Siempre lo mismo, siempre igual, las caricias nunca eran suficientes y ella dormía desnuda sobre la cama empapada. Frágil, envuelta en nubes de sueños ella esperaba, sin saberlo, el amanecer. El aullido del Lobo se escapó por las grietas del cuarto buscando los oídos de siempre, los de la noche, los de los flojos de sueño y de amor, al fin de cuentas el cielo estaba preparado con una hermosa luna llena colgándole del vientre. Se llevó el vaso a la boca y las pastillas a la cabeza, abrió la ventana, miró el paisaje desolado de la calle y decidió que debía salir a caminar. En silencio cerró la puerta de la habitación intentando no despertarla. Bajó las escaleras y se hundió en la noche. Lo cansaron las luces, el olvido y las puertas erradas sin candado. Ahora daba un paso tras otro, agitado por el cansancio, por la pena y sentía los rasguños de la brisa desgarrando su piel ajada. Un paso tras otro, buscaba el retorno a la paz del vientre, a un nirvana. No ver, no saber, no pertenecer, solo estar y ser un ser dentro de su propio ser. Sabía que pensar eso que pensaba podía sonar a discurso vacío, a soledad de palabras sumadas, pero no encontraba otras, era así, un lobo persiguiendo su propia cola. Estaba en ese momento de la película donde el actor, lindo, o feo llegado el caso, entra en el nudo de la trama, donde, al borde del dolor, llora y se desbarranca. Ese segundo preciso donde se hace la luz, donde nace la vuelta redentora luego de pagar la culpa por alguna traición. Ahí, cerca de la paz y de la reconciliación con la actriz, siempre bella, y la casa con jardín, y la cerca blanca y el final feliz.

Esa era su foto, su momento congelado en un rectángulo de cartón. Pero de películas y esperanzas también estaba cansado. Estaba enfrentado a centenares de relojes que lloraban desincronizados tic–tac y lo atravesaban como un mal recuerdo, como un mal presentimiento. Llegó a una esquina y se quedó parado, estático, con la boca abierta, babeando, rodeado de números, agujas, segunderos y minuteros que marcaban el destiempo de horas irreales. Solo podía llorar e imaginar que tal vez lograría sobrevivir algunos instantes más, antes de explotar y de que todo volviese a comenzar sobre su sueño incesante, ese sueño que no tiene fin ni puede acabarse. Después de todo en un mundo saturado por el veneno del engaño: ¿Quién sale con la mirada dura dispuesto a arrasarlo todo? ¿Quién termina con la estupidez, la ignorancia, la soberbia y el paso anodino del tiempo?

El estaba ahí, en una esquina, congelado, mientras allá, en la cueva, en otra escena de su película, ella desnuda, gruñendo y envuelta en raso, se desperezaba.

 

fino.     Collage : Lily Gar.

Música de fondo: Luz dos olhos - Cassia Eller.

martes, 5 de octubre de 2021

El sol no sabe.

 (La Tarde del Lobo)

 

El sol no sabe que su manera de brillar es parte de la forma en que se  mueve el mundo, no sabe que a cada giro nos acerca un poco más a  la muerte. Pero sigue. Nosotros seguimos. Es parte de la naturaleza, son las capas de la cáscara que es vivir.

Lucas pensaba en esas cosas, sentado bajo un olivo mientras el sol se filtraba entre las hojas del árbol aun sin frutos. Estaba absorto mirando los rayos de luz que dibujaban formas extrañas en el suelo pedregoso al entreverarse con las ramas que se movían por una brisa tibia y lenta. Se sentía casi libre. Tenía ganas de fumar, hacia años que no lo hacía y pensar en ese efímero placer acentuaba el deleite que ahora estaba sintiendo. Le pareció escuchar a lo lejos una voz que lo llamaba, agudizó el oído despegándose un instante del letargo en el que estaba inmerso. Si, luego de unos segundos escuchó su nombre que llegaba atravesando el monte.

-Lucassss. Lucassss –escuchó por segunda vez. Realmente no tenía ganas de levantarse, estaba cómodo, feliz y embriagado en los brazos de una tarde maravillosa.

-¡Mierda! –dijo por lo bajo al tiempo que separaba las palmas de sus manos que tenía sobre el vientre, apoyó la mano derecha en el suelo para hacer palanca e intentar recuperar la vertical. Cuando estaba por dar el primer paso hacia el lugar desde donde provenía la voz que lo reclamaba un destello místico y atemporal lo sacó del impulso primario. Miró hacia atrás, hacia la profundidad del monte nativo que estaba a su espalda, y como hipnotizado por el murmullo del río que corría implacable allí dentro, comenzó a caminar rumbo a la espesura. No lo pensó, solo fue paso tras paso bajo el sol tibio que lo arropaba en su trance y que  lo mantenía fuera de la realidad. Durante mucho tiempo había estado controlando su mundo, sus pasos, sus heridas, sentía que este era momento. Mientras caminaba fue subiendo y subiendo sin  despegarse del suelo, había llegado el momento de escapar, de ir hacia un lugar que fuese real, que fuese verdadero. Por sus ojos rasgados se colaba, difuso, el monte, el sol y un sendero blando que se abría bajo sus pies. El zumbido del agua corriendo libre y burbujeante aumentaba a medida que se acercaba a lo que Lucas intuía como el comienzo de su destino. Estaba sumergido en una tarde extraña, iba como un ente arrasando la vegetación. Llegó a una hilera de árboles de tonos rojizos, naranjas y azules que le ofreció una extraña resistencia y casi sin darse cuenta atravesó ese muro enmarañado de ramas vivas, de ramas muertas y colgajos de cortezas resecas. Vio un punto de fuga entre el follaje donde descubrió el río y su rumor que lo esperaba desbocado. Lucas se estremeció, no era inocente y sus ojos tristes lo comenzaban a delatar, una mueca agria se le dibujo en la cara como una cicatriz añeja. Ahora estaba parado frente al río, unas rocas llenas de musgo marrón sobresalían a poca distancia de sus pies y los rayos de sol que atravesaban la espesura acentuaban el rictus oscuro de su rostro. Era otra persona, en la soledad profunda asomaba su verdadero ser, el olvidado, el escondido. Un tintineo irreal comenzó a ganarle la pulseada al sonido que provenía desde el río, él solo esperaba una orden superior que dirigiese sus próximas acciones, si es que así podía llamarse a los movimientos robóticos que había hecho después de dejar la calidez del olivo. Desde el centro de la espesura una enorme y densa figura comenzó a caminar hacia Lucas, un cuerpo pesado que hacía temblar las entrañas sangrientas y oscuras del monte. Esa sombra amorfa de ojos satánicos, blancos, boca pastosa y labios cuarteados era un ser hambriento avanzando con furia hacia él. Lucas pensó en correr en la dirección contraria, pensó en esquivar los árboles, las raíces y sus propios gritos. Se imaginó a toda velocidad, mirando hacia atrás, en plena fuga y midiendo la distancia que los separaba, que se mantenía inalterada. En su escape imaginario, buscó nuevos atajos y desvíos, pero la mole seguía ahí, a la misma distancia. Los pies de Lucas estaban clavados al suelo y el agua helada del río comenzaba a entrar por sus zapatos, mojándole las medias, los dobladillos del pantalón, pero él insistía en pensar caminos que lo sacaran de allí, desollándose el cuerpo contra ramas y espinas en esa travesía incomprensible del destino, que era el suyo. Corría huyendo, y no. Estaba estático sobre sus piernas y el río le devoraba las rodillas. Soñaba despierto. Pero la venganza no miente, no sabe mentir y tampoco sabe reír. Estaba obligado a escuchar el crujido desenfrenado del agua que ahora le llegaba hasta el vientre. Se detuvo en su inmóvil carrera, miró hacia atrás y la sombra lo custodiaba desde la orilla empedrada. Los ojos se cruzaron y la mirada perversa de la sombra se le clavó dentro de sus ojos y fue la señal inequívoca de que todo había terminado. Mientras volvía a escuchar la voz, el agua le tapaba la cara y le nublaba la vista. Y se perdió bajo el murmullo de la fuerza incontenible del agua, bajo los vapores nocivos y fétidos de mil asuntos pendientes, pero por sobre todas las cosas fue la masa pesada de la culpa quien mirándolo desde la orilla, lo aplastó sin tocarlo.

El sol no sabe que su manera de brillar es parte de la forma en que se  mueve el mundo. El mismo sol que gira y que cambia, y que es parte de la vida. En eso pensaba Lucas chorreando lágrimas y agua, cuando caminando de dientes apretados y sin dudarlo, fue directo a enfrentarse cara a cara con la sombra de la culpa y de su miedo.


 

fino. 

Música de fondo:  Sos mi oasis - David Lebon.

sábado, 18 de septiembre de 2021

Una carta en Los Nichos.

 

Estas viviendas de cemento y hormigón gris, de ladrillos rojos gastados en Propios e Instrucciones me estaban llamando desde treinta años atrás. Y llegué hasta Los Nichos, a tomarme un vino y a llorar. No encontré los abrazos ni las risas, ni las botellas, ni a mis amigos. Solo, parado en medio de la plaza y mirando la pared del salón comunal, se me caen los ojos por un río salado. Ahora todo es más gris, más frío y diferente. Pero hay algunos agujeros que todavía nos pertenecen. Me traje un vino para sentarme en el murito de la cancha de basket, que esta destruida, llena de agujeros y el gancho de hormigón sin tablero clavado al suelo espera por algo que no puede atrapar, o quizás solamente pueda con mi vacío. Beso la botella porque tengo sed de mis hermanos que no van a venir a tomar conmigo.

Miro para el corredor de Danilo y la oscuridad me nubla los ojos. Veinte y pocos años de velocidad suicida en sus manos llenas de preguntas ¿Estuvo bien jugar a la ruleta rusa del descontrol? Esa romántica estupidez de nuestra ignorancia bohemia, beatniks del subdesarrollo metidos en catacumbas.

Cierro los ojos y veo venir desde Gambetta al Kitto envuelto en su saco de paño verde con hombreras y más pesado que él. Su cara de aguilucho, el bigotito mosquetero, el peinado punk engominado, sus aritos, apropiándose del rock. “Yo soy el Rock and Roll, shummm”.   Lo veo venir con su paso de gacela desgarbada y asmática, con un ying-yang tatuado entre las cejas cuando nadie se atrevía a marcarse la piel. Él, implorando cariño después de la primera damajuana. Implorando cariño de verdad, no del que pensaban los vecinos idiotas de todo el complejo. Kitto aguantándolo todo y a todos, en su casa, en su cuarto, en su historia y en las marcas de su piel, abriéndonos el cerebro a músicas, libros y a los caminos ocultos que nos había robado la dictadura. En su bunker éramos libres. Afuera los palos, las razias y la prohibición de respirar profundo.

Nadie idealiza el dolor, pero imagino al Gitano caminando torcido después de cruzar el Royal, con la nariz colorada sin que hiciera una gota de frío. El Gitano y sus amores tortuosos, y sus flores, y sus hijas, nuestras niñas, que dejó en semillas y en las manos del destino.

En esos tiempos esperábamos renacer, haciendo mil veces el camino hasta Millán y Castro, detonando La Lata, Los Estudiantes y metiéndonos en todas las malditas cantinas de dos kilómetros a la redonda. “Allá esta abierto”. Íbamos detrás de la necesidad de hacer explotar el círculo, de reinventarnos calle tras calle. Caminar, solo caminar cantando a grito pelado. Los problemas fueron el comienzo del algo, de la criatura, de la necesidad de alturas, de la inclaudicable necesidad de despegar. Era hambre de ver más allá de lo momificadamente instaurado. Kilómetros y kilómetros de calles, hasta Colón, hasta el Prado, hasta el Centro, a Playa Pascual o el Cerrito, montados en botellas interminables de grappa, de medio y medio, de caipirinha o de vinos malintencionados. Todos tragados por las bocas de tormenta y los blister de pastillas. Y llegaban las risas, y la filosofía del querer mejorar el arte, la esperanza en el autobombo de ser diferentes. Maluco beleza, muito loucos haciéndonos la cabeza contra los palos de quién intentara parar el tren, que se desbocaba inexorable.

Otro trago y aparece Gonzo de pelo largo con las manos generosas y con esa dulzura al escuchar. Hermano te extraño. Y te veo, y sos casi una canción, una melodía de fondo. Sos ese sonido, la banda sonora de aquellos años que ahora no me deja pensar.

Estoy solo. Busco ojos que reciban lágrimas y preguntas. Lágrimas para regar palabras sin sentido sobre las flores coloridas del jardín, nacidas en la tierra que ustedes me dejaron. Sus manos, sus dedos son medallas, no son olvido, tal vez sean este susurro en mis oídos. Lloro y es mi viaje de celebrar.

Ahora también se fue Roberto, en silencio, atrapado en la botella del espanto y ahogado por las cosas que no supo decir. El Rober, sus pantalones manchados de pintura y la boca llena de Martita y de Vale, con su boca llena de besos que no les supo besar.

El viento se funde y es tibio, suficientemente nuevo para que deje de esperar. Lejano a ese invierno de curvas peligrosas sé que no todo es lo que se deja ver: un caracol colgado del cuello y los ojos filmando el piso. Cuanto enojo al pedo supuran mis poros y mi alma, también es cierto que existen razones y alguna alarma encendida. Tengo cuñas y oraciones para levantar el polvo del camino, hay pieles colgando por todos lados y mil sueños que no se colman. Hay sudor chorreando feo en las caras insípidas de todos los días.

Los extraño y no sé que hacer. Solo puedo darle vueltas al cerebro y desde otro ángulo espiar el documental. Voy herido, voy con desesperación. Hace días que no para de llover y la compleja idea de abrazarlos va a demorar tanto como el sol, pero mientras tanto dejo en sus puertas una sonrisa y estos húmedos versos que no riman, que no alcanzan para decirles cuanto los quiero, cuanto los amo y necesito.

Ya no hay llaves ni vino oscuro, ni otoños errantes tras aquellos pasos en forma de abanico. Solo tengo poemas destartalados para cada noche o día, tarde o mañana y madrugadas signadas por el hambre de sus sombras paganas. Solo les pido que me esperen.

Me voy caminando despacio, dejo el alma en el piso respirando el aire rancio, masticando el cansancio de los amores malditos, y es que el 20-41-31 no para de llorar.

Los extraño.

fino.

Música de fondo: Y mientas tanto el sol se muere - Indio Solari

Montevideo 2021.


sábado, 4 de septiembre de 2021

Frases.


                                         

Frases hechas

cartas mal jugadas sobre el tapete del amor

hilera de infinitos ladrillos

fronteras

límites,

más horas

  más días

más agua bajo el puente.

 

Frases hechas al pasar

frases hechas

que contaminan el manantial,

     nuestras caras de dolor

transitan repitiendo el sinsentido de este adiós.

 Pongo mi cabeza en la guía

sigo avanzando sobre el riel

camino repitiendo el camino

sin tus alas

sin tu vuelo,

mariposas

  dando vueltas y más vueltas,

 haciendo la del perro fiel.

                                               

 fino.         

Collage: Lily Gar.

 Música de fondo: Calma - Marisa Monte.

 

 

lunes, 23 de agosto de 2021

Agitados




Agitado, deformado

voy diseñando tu figura en la oscuridad,

inundado por tu aroma

eléctrico de palabras muertas,

recostado en un ventanal

a contraluz.

Iremos desenredándonos,

iremos aprendiendo a viajar este viaje,

purificándonos

sueltos, ebrios

distraídos,

temblando en alucinados vientos.

Abrigo la esperanza de entender

y me obligo a escribir,

revuelvo entre mis cosas viejas

sobre las tapas de los discos.

Vos buscas otro tiempo

en tus lados dormidos,

lavas mi tiempo perdido

como lluvia de ilusión,

frente a mis ávidos ojos

lavas mi tiempo perdido.

Espero que esto funcione

pues el impulso devora todo.

En mi espalda rasguños, cicatrices

y tu mechón de pelo

atesorado en una cajita de color.

Agua dulce en mi boca con sed,

agua que tu vestido gotea...

gotea rostros de ángeles.

Comienzo a temerle al ocaso.


fino.                                                                     

Collage: Lily Gar.

Música de fondo: Love is love - Charly García. SNM

martes, 17 de agosto de 2021

Ni hablemos de amor.

 

                                              

Vos sabes que yo te quiero, de cierta manera hasta podría decir que te amo. Yo a él no lo conozco, lo que sé me lo contaste vos. Sé que mientras vivieron juntos, después del encandilamiento y de los primeros meses de convivencia, él te comenzó a tratar mal. Según tus palabras, no te valoraba. Lo maldijiste, lo insultaste y te fuiste. Yo te apoyé y me enojé con él por hacerte sufrir así. Al tiempo volvieron a juntarse. Te comprendí, estabas tan sola, tan lejos, el tiempo pasa para todos, hay errores, luces y sombras. Es el tiempo, la vida. Luego otra vez se apagó el amor reciclado, te celaba y controlaba, te oprimía, no te dejaba ser feliz. Yo te escuchaba, comprendía y te pedía que lo pensaras, que la calesita da vueltas y vueltas, que respiraras hondo. Vos me repetías que era perverso, inhumano y sin alma. Que te obligaba a pagar la mitad de todos los gastos de la casa, que no podían salir juntos a dar unas vueltas por la noche o de recorrida por los bares, si no tenías plata para tus gastos él no te llevaba, se iba solo y te dejaba. El se bañaba, se recortaba la barba, le sacaba lustre a sus tatuajes, se perfumaba, se ponía su reloj caro y vestido como un rockstar salía dejándote en la soledad de la casa. O que se iba de viaje durante meses a recorrer el mundo y vos ahí sola, sin nada ni nadie. Te hacía padecer. Vos me decías que era un psicópata, un mal compañero y a mi me daba lástima por vos. No respetaba tu pasado, ni respetaba a tus hijos. Yo lo odiaba. Y así lo volviste a dejar y yo quedé feliz por vos, porque abriste los ojos, y pudiste ver la luz al final del túnel. Quiero tu felicidad y sé que la vas a conseguir, porque sos buena mina y vos lo mereces, tu momento está ahí, lo presiento. Desde acá, a la distancia, mientras me contabas, te veía cargando las valijas, bloqueándolo en tu celular, te imaginaba nerviosa sudando, con tu pelo rubio y enrulado al viento, podía adivinarte de espaldas a él, alzando el puño izquierdo cerrado con el dedo medio levantado, haciéndole señas, mientras él espiaba detrás de las cortinas de la ventana semiabierta de su casa lujosa. Esa que te echaba en cara cada vez que peleaban. Pero yo te quiero y por eso pude comprender cuando se volvieron a juntar y luego a separar. ¿Cuantas veces fueron? ¿Seis, cinco, ocho veces? Yo estaba con vos, y te decía: “no lo mires nunca más, sacalo de tu vida, de tu celular. Sacalo de tus ojos, de tu alma, de tu mente, de tus sentidos, de tu calle y de tu llanto”. Yo a él no lo conozco, todo lo sé por vos.Después te acompañe, desde acá, en tu mudanza a otra ciudad, más pequeña y lejana. Ese lugar costero de pocos habitantes, solitario y tranquilo, donde podrías pensar y respirar al fin, en paz. Allí donde te sacarías el peso de la cercanía y el acoso. Respiraste y respiré. Porque a él no lo conozco, pero vos me contabas y yo sufría por vos, porque te quiero, hasta podría decir que te amo, por todos los años que compartimos y pasamos juntos, por nuestra amistad. Lloré por tu libertad, por tu felicidad. Y me asusté un montón cuando me contaste a los tres meses de vivir en ese pueblito, que caminando por la playa, lo viste desde lejos. Me asusté cuando me dijiste que se había alquilado una casita cerca de donde vivías. Que te lo cruzabas varias veces al día, que te llamaba, que te mandaba mensajes, que te invitaba a salir, que te buscaba y que no tenías lugar donde esconderte en ese pueblito de mierda. Lo sé porque me lo contaste, que lo mandaste a cagar, porque él es de manipular a la gente, que es paranoico, es traicionero y calculador. Siempre de pelo cortito vestido como un rockstar, lleno de tatuajes y dándose aires en su auto último modelo. Y lo odié por hacerte sentir mal, y por todo lo que decías. Pero hoy me dejaste mudo, vi en tus historias de Instagram que caminabas de la mano con él, sonriendo y paseando por pueblitos de la costa, en bares bebiendo, en esas callecitas de ensueño, como si vivieran una nueva e interminable luna de miel. Ya no puedo entender. Te quiero, por lo que vivimos y no es necesario contar. Yo solo quiero verte feliz. A él no lo conozco, ni quiero conocerlo. Sé cuanto penaste y sentí tu soledad, vos me lo contabas. Y yo acá a la distancia sin poder hacer nada, solo te podía escuchar. Porque te quiero te pido que no me cuentes nada más. Pienso que victimizarse es como una droga, también callar y olvidar, o será, al menos, que no me contabas toda la verdad. Por eso te escribo, porque yo a él no lo conozco y ahora que lo pienso, creo que a vos tampoco. 

 

fino.

viernes, 13 de agosto de 2021

S aturno S

 

                

                                                                                                                                      

Sin verme a los ojos

vas disparándome las caricias

de tus labios rojos.

Vas llorándome desde lo más profundo de tu ser,

sigo esperando alguna respuesta.

La piel en leves jirones imantados

devoran los hijos que prometimos no tener.

Tus manos llenas de anillos y vientos

van cambiando de norte y de sur

cuando beso tus mejillas llenas de nosotros.

Fagocitar.

Renacer

y como simples mortales

buscar en las palabras lo que nos faltan por decir

lo que nos resta por vivir.

Desde la fragancia de alguna rosa

sale lo más poderoso de nuestro corazón,

que es uno,

que son dos,

que son los caminos y los grises

que duran solo un segundo.

Somos más fuertes que  todo,

hay en el aire y en la luna

las pistas para llegar a un lugar mejor.

Y nuestro será, si podes bajar las manos

con las que cubrís tus ojos,

que son mías

como los ojos que escondes

para no verme y decir: te amo.

Para no decir lo que nos falta decir,

envueltos en los anillos implacables de Saturno.

 

fino.                                              Collage: Lily Gar

                                                                     (Música de fondo: Sencillo - Julieta Rada)

jueves, 5 de agosto de 2021

Monólogo Inútil.

 

 

Una copa con vino que demora en evaporarse. Una manera de justificarme para seguir bebiendo, lejos de vos, lejos de mí. Tal vez podría embarcarme en otro tipo de suicidio. Tal-vez-po-drí-a, pero no quiero ni me interesa. Deseo me explote el hígado, que me haga mierda por dentro y terminar de una vez con todo. Estoy harto. No es solo por tu abandono, por tu escape silencioso, ni por tus formas de decirme que no. Si fuese solo eso lo toleraría sin despeinarme. Vos solo agregaste las gotas de combustible que necesitaba para mandar todo al carajo. Estoy saturado del trabajo, de las redes y los entramados, de la televisión, las trampas, los silencios, el cada uno en la suya, los engaños, los ojos que miran y no ven. Que se yo, todo. Todo.

Otra copa, termino la botella y espero a que revienten mis tripas. Esta vez vomitaré solo sangre, y que todo se vaya a la reputa madre que lo, mil veces, parió.

 

fino.

 

Agosto 2021.

jueves, 22 de julio de 2021

Un punto en el espacio.

 

Un punto mínimo, minúsculo, una picadura, el dibujo que deja una aguja que incrustó en las venas el veneno de la muerte, el flash del placer químico o una simple marca imperceptible del amor. Quién lo sabe, pues no habrá lugar para la autopsia, para estudios clínicos o investigación policial. No habrá tiempo. El estaba ahí, en el sillón, tieso, deshaciéndose, deshilachándose en el antes, en el ahora, en el espacio cerrado de una habitación que nadie volvería a abrir, que nadie volvería a habitar. El olor a podrido se descolgaba desde las paredes y se perdía en sí mismo, todo se había congelado pero no lo suficiente para evitar la descomposición natural, nada podía evitar la gula insaciable de las bacterias, de los gusanos, de las hormigas. El cráneo ladeado hacia la derecha se mantenía apenas pegado al cuello por algún tendón furioso que se negaba a reventar, quizás había sido el último en contraerse para evitar lo inevitable, lo que finalmente sucedió. La oscuridad haría el resto, las puertas cerradas, los gruesos cortinados tapiando las ventanas manteniendo a distancia, lejos, cualquier mirada intrusa de un rayo de luz. Pensar en causas o motivos que sentido tenía, si los colgajos de carne y vísceras eran todo lo que mantenían a ese pedazo de cuerpo anclado al mundo. Hasta que el tiempo pasara y como todo, estaba pasando, y todo continuaría tal cual estaba sucediendo en ese mismo momento. El ciclo natural. Luego todo desaparecería, el cuerpo, la ropa y los huesos hechos polvo apilados sobre lo que alguna vez fue el fino estampado de un mullido sillón. Después o al mismo tiempo, quién podría afirmarlo, las maderas y los techos caerían destrozados por el tiempo, las hojas de los libros se borrarían hasta deshacerse por la fuerza impiadosa del viento del mar y la sal colgada  en el aire húmedo del océano que arrasaría con todo, con el quinchado, con los trozos de nylon que alguna vez sirvieron del aislante, y los clavos tercos y herrumbrados que habían sostenido la construcción durante casi toda una vida. Y las acacias del entorno caerían y de sus semillas otras tantas nacerían formando después montones de hojas secas y de ramas que avivarían fuegos luego de transformarse en leña que alumbrarían en la oscuridad, o darían calor a quienes necesitasen calmar el frío cuando otro invierno llegara y el viento volviese a soplar inclemente, arrastrando la arena, que poco a poco se iría acumulando y que, más temprano que tarde, iría barriendo y cubriendo las huellas de todos los desechos. Los desechos humanos, los materiales, los sentimentales. El implacable iría arrasando hasta las almas muertas, como en una canción triste. Todo, todo se iría olvidando, perdiendo, borrando, mutando, desapareciendo por un punto mínimo, minúsculo, del tiempo.

 

 

fino.                           

      Música: Mundo Agradable - Serú Giràn.

Julio 2021.