La navaja estaba
apoyada sobre el ojo de Silvana, como una lengua rozando la espina dorsal. Al
final fui yo quién percibió el corte que la foto nunca mostró. Lo que veía ante
mi era la síntesis de todos los engendros sobrenaturales con los que Silvana
había coqueteado tanto. Su ojo y también su cuello pagarían por invocar al
innombrable. No era un recuerdo, ni una fantasía, ni una ensoñación, para ella era
un ritual de resurrección. En la foto en blanco y negro que sostenía en mis
manos, la sangre estaba agazapada escamando el instante previo. Un primer plano
del rostro de Silvana y por el lado izquierdo de su cabeza, los dedos de un
hombre le separaban los párpados. Índice y pulgar tensionados impidiéndole
pestañar. La otra mano del verdugo sostenía la navaja filosa en paralelo a la
ceja y frente al ojo lloroso a punto de explotar. Rostro, ojo, navaja y manos
rendidos a los pies de un deseo enfermizo y criminal. Ella había leído cientos
libros y artículos en los que se hablaba de la conexión entre las fotografías,
la sanación y la muerte, y estaba
decidida a brindarse como ofrenda. Yo no quería creerle, pensé que se trataba
de desvaríos causados por el sufrimiento, pero la foto en mis manos mostraba lo
contrario. El lente había captado una vida a punto de terminar, una huella petrificada,
un instante fugaz de soledad. Hacerse mutilar buscando apropiarse de otro
cuerpo, de otra vida, era su salto el vacío ante tanta desesperación. Siempre hay algo que perder, había
escrito con letra temblorosa en el sobre en que me había llegado la foto. Era
su deseo, su declaración final. Había caído en la trampa. Ahora el noticiero matinal
comentaba sobre un cuerpo mutilado aparecido en la escollera. Afuera el sol
comenzaba a salir y el rocío embellecía los rosales.
(gracias Luis Buñuel)
fino.
Marzo 2020. ilustraciòn: Diego Soria.
Uf,un relatazo Fino.
ResponderEliminarMe encanta como escribís.
Este texto tiene tanto arte, te va poniendo los pelos de punta y son disparos las imágenes que nos impactan al leerlo.
Un abrazo admirado.