jueves, 3 de enero de 2019

Dos Gallinas, una paloma.

                                                          

-Metete las estrellas en el culo.
La voz del Picana rebotó en el piso de tierra, hizo eco en el cuadrado de bloques y se escapó por donde faltaba el techo en la pieza en construcción. Lo cierto es que Picana y el Sal Gruesa, estaban sentados sobre dos cajones de madera en el futuro cuarto de la casita precaria. Los amigos arrullados por el ruido de las tripas acunaban  hambre mirando el cielo. El Sal Gruesa había admirado en voz alta el brillo de los astros que se desangraban de luz en el cielo renegrido.
-Que lindas estrellas –había dicho el Sal Gruesa.
Fue cuando Picana lo trajo a la realidad :
-Metete las estrellas en el culo. Yo tengo un  hambre que no puedo más.
¡Algo tenemos que hacer!
Cambiaron de posición sobre los bancos enclenques y se entregaron en alma y mente a buscar la solución.
-Che Sal, ¿a vos Perro Loco no te fía, no?
-¡No, que me va a fiar!. Lo tengo adentro como con cuatro lucas hace como dos semanas. Falté varios días al laburo y cobre casi nada. Si le pagaba al Perro Loco me quedaba sin un mango pal´fin de semana –dijo sin tapujos  el Sal Gruesa.
-Que mierda. ¿Que podemos hacer? No podemos mangar a nadie, ni meter un fiado. Tamos en el horno –Picana rebuscaba en posibles soluciones y continuo diciendo –Che Sal, ¿en la heladera no hay nada, no?.
-Media zanahoria, una papa y un cacho de chorizo colorado.
-Vamos por ese guiso entonces –se envalentono Picana, clavando la vista en la pared de bloques sin pintura ni revoque.
La noche de domingo se estaba adueñando del cantegril, algunas lamparitas lúgubres cuidaban los corredores en la cuadricula de casitas, los pasajes latían con la música que se escapaba por alguna ventana abierta.
Picana y Sal movían las fichas, armaban la táctica mental que les diera la victoria en la pelea contra el hambre. Cuando hay hambre no hay pan duro, pero hasta el pan duro se les escondía entre los rincones de la noche. Nacer de ese lado de la avenida les daba un poco mas de imaginación, al menos para llenar la panza y cubrir los agujeros que abre el viento en contra. Ellos saben que el  salvavidas puede caer de cualquier lado y en cualquier momento. Mirando hacia el cielo entre suspiros y silencios fue que Sal Gruesa se incorporó como poseído, quedó parado junto a su cajón, con la boca abierta y con los ojos desorbitados como si hubiese visto un fantasma, se apuró a decir:
-¡Las gallinas del Quemado¡.
-¿Que? –preguntó Picana distraído.
-Las gallinas del Quemado pelotudo. Le afanamos una y ya tenemos medio guiso hecho gil.
-Tas locazo Sal. El Quemado si nos ve, nos mata. Yo ni mamado le entro al rancho.
-Dale boludo. Yo tampoco me animo, pero le decimos a Marcelito que no le hace asco a nada y el se afana la gallina.
-Dejate de joder. Vos querés que nos caguen a cuetazos, estas loco Sal.
-No seas nabo, pensá bien. Marcelito trae la gallina, mangamos algunas verduras, tiramos todo pa´ la olla y adiós pampa mía, estamos de fiesta.
Después de tanto detalle y con el convencimiento que Sal Gruesa expuso su plan, Picana comenzó a ver la idea con mayor simpatía, poco a poco y a medida que su imaginación percibía los vapores exquisitos que desprendía la cacerola aun vacía, la posibilidad de que una suculenta cena les aliviara el padecer era cada vez mas cercana y posible.
Salieron los dos amigos por los corredores del caserío y golpearon en el rancho de Marcelito.
-¿Quien viene a  joder a esta hora? –se escuchó desde adentro.
-Somos nosotros Doña Nena, el Sal y Picana –contesto Sal Gruesa reconociendo la voz de la abuela de Marcelito.
-Que ganas de andar molestando. ¿No ven que son como las nueve? Ustedes siempre igual he. No saben más que joder. Marcelito no esta y no va a salir
 –dijo molesta la abuela.
-Pará abuela, no te metas en mis cosas –se escucho desde adentro la voz de Marcelito demostrando molestia.
-Ya se juntaron todos los insoportables y nada bueno va a salir –opinó la abuela.
-¿Que dice la barra? Esperen que me calzo y salgo – dijo Marcelito abriendo la puerta de su vivienda.
A los cinco minutos con los tres amigos sentados en la habitación en construcción, Picana contaba la idea, Sal Gruesa asentía a cada frase de su amigo y en los ojos picaros de Marcelito se dibujaba una pequeña maldad que crecía a pasos agigantados a medida que el plan llegaba al fin de su desarrollo. Es que entre Marcelito y el Quemado habían cuentas pendientes que se arrastraban desde hacia algún tiempo, un pequeño botín mal distribuido, algunas faltas a la verdad, líos de polleras y esas son actitudes que entre bandidos no pasan fácilmente al olvido.
-Bueno vamos arriba entonces. Yo me meto al rancho, pero alguien me tiene que acompañar para hacerme de campana y para entretener a los perros así no ladran –dijo Marcelito.
-Pahh, los perros –dijo asombrado Sal Gruesa.
-No pasa nada con los pichichos, yo los conozco, les damos alguna galleta para distraerlos y quedan comiendo de la mano. Son pura pinta, además el Quemado estuvo toda la tarde chupando en lo de la Negra Felisa, debe estar durmiendo la mona de tanto vino  –dijo Marcelito cerrando el plan.
-Yo te hago el dos –formalizó Picana.
Salieron los tres del rancho del Sal Gruesa, bajaron la callecita rumbo al final del corredor, la oscuridad era cómplice y tapadera para los hambrientos compinches. Al llegar al final del corredor, doblaron hacia el barranco que los dejó en la parte de atrás de la última hilera de ranchos en donde vivía el Quemado. Bajaron entre los escombros y las bolsas con basura que la gente tira en el barranco, ahí se quedó Sal Gruesa cubriendo la parte derecha del fondo y con un puñadito de galletas para perros en la mano Picana seguía los pasos de Marcelito que a esa altura ya era el líder por determinación propia. Llegaron al rancho del Quemado y como quien siembra al boleo, dejaron caer frente a los perros las galletas, estos no demoraron ni un segundo en olfatear el manjar mínimo que les ofertaban los dioses de la noche. Los canes se relamían al tiempo que Marcelito en cuclillas les rascaba el lomo, felices los perros movían la cola reconociendo al visitante. Picana pasó a mimosear a los animales y Marcelito se dispuso a abrir la puerta del rancho con la mayor destreza de la que era capaz. Agarró con las dos manos la cuerda que servía de picaporte para entrar al rancho, levanto la puerta en seco evitando que crujieran la bisagras oxidadas, abrió la puerta hacia afuera siempre tirando hacia arriba con fuerza y la bajo luego de separarla del marco apenas medio metro. Con la plasticidad de movimientos que lo caracterizaba se metió en el rancho haciendo gala de su vista de lince y de su paso sigiloso. Atravesó la pieza de la entrada, dobló hacia el baño donde a modo del gallinero dormían las gallinas por las noches, no fuera cosa que algún ladrón atrevido quisiera robarlas del corral exterior. En la oscuridad del rancho, Marcelito vio durmiendo sobre el sillón a su ex-socio, pero sobre todo lo escucho roncar, con lo que llegó a la conclusión que tenía que ser muy descuidado o hacer un ruido muy fuerte para que el hombre despertara.
Corrió la cortina del baño que hacía las veces de puerta y forzando un poco mas la vista  vio dos gallinas que dormían cómodamente una sobre el water sin tapa y otra sobre la pileta destartalada que apenas se mantenía unida a la pared quien sabe por que extraña magia de la física. Con un movimiento perfectamente sincronizado y veloz agarró por el cogote a las dos gallinas al mismo tiempo sin que pudieran emitir un solo cacareo, con una gallina en cada mano, los cuellos largos y casi sin plumas quedaron apresados entre los dedos gruesos de Marcelito quien con otro movimiento certero revoleo las gallinas en círculos paralelos al techo como apas de molino, dejando los cuerpos prontos para su desplume. Con la misma destreza y velocidad que entró, Marcelito salió del rancho con las dos gallinas bajo el brazo, mientras el Quemado dormía como un bebe sin enterarse de que se quedaba sin alimento y sin huevos para la semana. Esquivando la línea recta del camino de regreso al rancho, Picana y Sal Gruesa reían por lo bajo mientras Marcelito les contaba al detalle los pormenores de la hazaña. Desplumarlas, destriparlas  y poner la olla sobre el fuego fue cuestión de media hora y por esas cosas que tienen los pensamientos positivos, una vez que se soluciona el problema mayor, los pequeños problemas se resuelven como por arte de magia. Como si todo hubiese sido coordinado desde hacia varios días, cayeron por el rancho Fabricio y la novia, Roberto y Mariza, el Gitano y Danilo. Todos, apenas se enteraban que se estaba preparando un guiso preguntaban que faltaba y salían cada uno por su lado a buscar algún producto para agigantar  las posibilidades del cocinero que por cierto y como siempre, era Picana. Así fue que la olla de veinte litros quedó repleta de contenido. Zanahorias, chorizo, papas, morrones, choclos, cebollas y tomates se cocinaban junto con las gallinas, que en honor al verdad hay que decir que mucha carne no tenían, pero pese a ser flacuchas de todas maneras eran las estrellas de la improvisada fiesta. Tampoco faltó el pan en abundancia y la damajuana de diez litros de vino que a nadie se le dio por preguntar de donde había salido, como tampoco nadie preguntó quien había conseguido plata para comprar gallinas. El arroz estaba llegando a su punto de esplendor y los comensales esperaban aferrados a las cucharas y platos que les habían tocado en el reparto, cuando la puerta del rancho tembló, por unos golpes cortos y desmesurados. Marcelito se metió bajo la cama de Picana haciendo gestos en silencio que claramente querían decir “no estoy- no estoy”, las caras de los que conocían la procedencia de las gallinas mutaron de fiesta total a disimulemos en un solo segundo, el resto de los comensales que no sabían la historia seguían hablando en voz alta como si nada. Se repitieron los golpes y el Sal Gruesa con cara de póker abrió la puerta.
-¿Están de fiesta? Se ve que la faena fue buena ¿no? –pregunto el Quemado con aliento alcohólico, los ojos irritados y el rostro visiblemente desencajado.
-¿Que haces Quemado? Si, nos juntamos con una damajuana y salió un guisolfo de lluvia. ¿Todo bien? –contestó Picana aguantando la risa con la valentía que dan unos cuantos vasos de vino.
-Todo bien no, todo re-mal. ¿Así que guiso no? Mejor no pregunto nada así no me salta el pistolero de adentro. ¿No vieron al Marcelito?
-Hoy temprano a la tarde estuvo por acá, pero después se fue creo que se iba para el Buceo a la casa de los primos –dijo Picana tratando de despejar la cancha.
- Ah, al Buceo. Si llega a venir decile que quiero hablar con el –y dicho esto hecho una mirada desafiante y llena de furia sobre todos los que estaban en el rancho y tiró hacia los pies de Picana un papel que tenía arrugado en las manos al tiempo que les daba la espalda masticando el sabor de la impotencia.
Picana tranco la puerta con el pasador, Mariza se dispuso a servir los platos, Danilo y Roberto repartían trozos de pan y el resto se iba acomodando en donde podía con los platos en la mano esperando el menú principal y preguntándose entre todos “¿que pasó? ¿que pasó?”. Marcelito salió de su escondite con una risa macabra de oreja a oreja y feliz como quien realiza un sueño largamente esperado. Sal Gruesa levanto el papel arrugado que estaba tirado en el piso a sus pies y mirando con cara de sorpresa a Marcelito le pregunto:
-¿Y esto?
-Se lo deje en el baño, por si extrañaba a los plumíferos –contestó entre risas de  placer. 
Sal Gruesa desenrollo el papel, lo aliso contra su muslo izquierdo y reconociendo la letra infantil y deforme del Marcelito, leyó:
“A mano, por la paloma de pelo largo que me robaste vos, sorete”.
 
fino.
 Noviembre 2018.

lunes, 24 de diciembre de 2018

Hambre y cerrojos.


                                                                     


                                                        



Sobre la textura suave de tu cuerpo no descanso, brillo y bailo sin control.    Mi alimento, el nutriente primario que proviene de tus senos turgentes no me llega y ya no tengo colores en esta neblina de tiempo perdido. Casi como un lamento me desvela el deseo de morder, de llevarte a mi boca y de explorarte en la ceguera del amor. Cargo con la traición de los sentidos en este hastío, giro ciego en esta calesita infinita, giro, es todo lo puedo decir.
Ahora debo salir a ganarme la sangre que me falta para no sumarme al descanso triste y frío del desencanto. Los colmillos comienzan a asomar en mi boca pálida y tiemblo por los nubarrones que llegarán antes de la media noche. Saldré, debo salir. Necesito beber la sangre que me falta y la sed no muere con un solo trago, este apetito muere en carnosos bocados de tu fibroso cuello. No descansaré hasta que salga el sol o al menos hasta que aclare en este lado del mundo. Ya no descansaré, no miento, no sé mentir, tampoco sé reír. La noche me da alas y estas cadenas herrumbradas ya no pueden detenerme. Los dedos no me obedecen y solo consigo lamer la mezcla de espuma y anzuelos con las que me llenaron el vaso.
¿Ya me encontraste?
¿Ya me negaste tres veces?
Mi turno llega con tu silencio y saldré a devorar cuantas cosas deba de devorar, llegará también la hora de comer carne cruda, de sobrevolar la carroña que dejó la fiesta y llenar mi cuerpo destripado relleno de algodón y desconsuelo. No me busques más amor, no cuentes las horas felices, te dejaré sobre el estante todo lo que tenga para dar. Me iré murmurado sobre el fracaso de atar con alambre el resto de la vida que me queda. No puedo rediseñar este mapa petrificado, ni esconder las mareas en los pliegues de la noche.
 Escaparé hacia el patio, caminaré en círculos, detrás de las rejas, solamente daré vueltas alrededor de esas riestras de ajo con esta estaca de madera clavada en el corazón.
                                                                                                                             
fino.                                                                                                                 
             Música: Vampiro - Charly García - Pedro Aznar.                                                                           
                    Ilustración: Diego Soria.



                                                               

                                                                                                                                
                                                                                                          
                                                                                        

martes, 16 de octubre de 2018

AMOR.

                                                                  

                                                       

Con el hambre que tiene medio planeta y con toda la dulzura de la que soy capaz, la miré a los ojos y le pedí :
-Amor, ¿me haces un huevo frito?
Ella, paciente, dejó sobre la mesada el mate que estaba tomando, se acercó a la cocina a gas y prendió una hornalla, apoyó con suavidad el sartén más chico de los que tenemos en casa y volcó sobre él unas pocas gotas de aceite. Cuando el aceite comenzó a crepitar acusando la temperatura adecuada cascò un huevo contra el filo del sartén, separó la cáscara por la grieta formada al romperse y dejó caer el contenido sobre el teflón caliente. La esfera amarilla de la yema quedó rodeada de la albumina semiliquida como una nube transparente al principio, blanca y coagulada después, al tiempo que el aceite hirviendo hacia su trabajo. Un minuto más tarde levantó del sartén con la espumadera el huevo perfectamente cocido y crocante en los bordes. Con pequeños movimientos verticales de su muñeca dejo escurrir el aceite sobrante. Puso el huevo humeante sobre un plato, me lo acercó a la mesa junto con un generoso trozo de pan.
Mientras yo hundía el pan en el centro del manjar y en el más profundo de los silencios, me di cuenta de cuánto la amo, de que siempre la he amado, por millones de detalles así. No porque haga los mejores huevos fritos del mundo, sino por que sabe distinguir entre mis necesidades o cuando tengo el infantil y recurrente capricho de sentirme mimado.
Ella se cebó un mate y mirando hacia el jardín del fondo me dijo :
-¿Viste que hermosas están nuestras plantas?
Yo pensé : Amor de mi muerte, que es lo único para siempre.


fino.

Música: 
Seguir viviendo sin tu amor  - 
Luis Alberto Spinetta.

miércoles, 29 de agosto de 2018

A Wiliam W.

 


                                                          

Sos un hombre diferente, lo sabes.
Talvez tus ojos de locura calma, hundidos y cansados oculten el rumbo de lo que vas a decir.
Tu mentón cuadrado va abriendo el paso hasta el cuello en una imaginaria escalera, nace en la punta de tu nariz fina, afilada y dibuja con tu boca un peldaño más.
Definitivamente tenés la melencolía tallada en la boca y vas manejando con cada mueca de tus labios apretados las palabras que te has empecinado en callar.
Estas triste y las huellas de tus pensamientos se ven en los surcos que tus dedos dibujaron en tu pelo negro revuelto.                                                                                                                                        Tu piel blanca y sin brillo muestra la sombra opaca de otra noche.
No hay preguntas. No se justifican las respuestas, el arco intenso y desafiante que forman tus cejas nos hacen repensar lo que vamos a decir, una entramado de compleja sencillez, en tu paz la guerra.

fino Sosa - 2018

Viscoso.

 

  

Al entrar a la sala totalmente pintada de blanco, Claudia vio a Mario sentado sobre la cama mirando la profundidad del piso totalmente cuadriculado.
- Sr,su medicina - dijo Claudia -, debe tomarla.

-¡No, no otra vez. No! -protesto Mario.
Claudia dejò la bandeja que contenía la jeringa cargada de un liquido rojo sobre la mesa de luz. Una brisa fresca se colaba por el ventanal plagado de rejas.
-Sr. Mario debe tomar su medicina, le hará bien -le dijo Claudia, mientras acariciaba la cabeza inmóvil del hombre.
Mario con los ojos vidriosos por el llanto y la impotencia ya no podía, ya no quería discutir. Claudia tomó la jeringa, un algodón empapado el alcohol y buscando la zona mas conveniente del brazo derecho de Mario, le inyectó sin prisa el liquido viscoso.
-¿Se siente mejor señor? -preguntó la enfermera como una formalidad.
Mario entrando en éxtasis, se fue recostando en la cama, mientras la potencia de la droga lo sacaba lentamente de su último instante de lucidez. Alcanzo a decirle :
-Me siento morir, como en tu visita del último martes. Y comenzó a caer en la fantasmal alucinación del rostro causante de su insanía,
-No fue un martes, fue un jueves -dijo ella.
-Irene...-dijo él con ternura.
-No soy Irene, señor -dijo ella dulcemente.

fino.

CLARA.

                                                             


                                                                        


-Tus ojos grandes saben callar, saben de luz en lo oscuro, saben de fe sin fe.
Fernando después de hablar, se dejo caer sobre el mustio sofá en un rincón de la sala.
Vos sabes, estás en todos mis recuerdos –continuó.
-Después seguimos hablando, ahora estoy cansada -se justifico Clara.
-Tarde o temprano hay que dejarlo resuelto -dijo Fernando, retorciéndose los pulgares de ambas manos con movimientos circulares, manos que demostraban el nerviosismo que su rostro no.
Clara bajá la guardia -dijo clavándole una mirada desesperada en la espalda, en el cuello, en lo único que podía ver de ella desde hacía un buen rato - ¿Vas a volver a partir?
El seco sonido de un teléfono vibrando sobre la mesa, cortó la atmósfera densa, la mano morena de la mujer, cayendo casi como una luz, como un flash, se aferró al aparato.
Clara suspiro después de ver número en el visor y reclamó:
-Te pedí que no me llamaras, fui insistente en eso, ¿verdad?
Una voz femenina viajó por el oído hasta la corteza cerebral de Clara.
-¡Me pediste que te llamara a las cinco y media, tía!
-Dije que no me llamaras más –mintió Clara, terminando violentamente la comunicación telefónica.
Las primeras palabras que Fernando había pronunciado se perdieron en el terreno fangoso que la escultural morena había propuesto.
Ahora todo estaba nuevamente en sus manos, y esta vez con todo el terreno a su favor.
Clara giró hacia Fernando, mostró sus dientes brillantes, su rostro perfecto en una amplia sonrisa.
-Las cosas están así. Nunca más seremos como alguna vez fuimos y el amor se perdió en ello.
Fernando como avergonzado por las palabras y la belleza de Clara, bajo la vista al suelo de madera que en franjas gruesas se fugaban hacia otra habitación.
-No podes hablarme así Clara, te busque por todas partes, todos saben de eso.
-Eso es lo que menos importa Fernando, no importa lo que no sucedió.
Importa lo que vivimos y pero eso ya no hay nada que pueda revivirlo. Terminó.
La tarde dejaba de serlo através de la ventana de la sala, en el inmenso jardín caía la noche, como una amenaza y sobre la vida de Fernando se reflejaba lo que el jardín proyectaba.
Desde el comienzo ella sabía lo que iba a pasar, por eso la llamada arreglada, quería escapar, estaba renunciando.
Fernando se tomo la cara con ambas manos, la frondosa barba cana quedo tapada por sus manos crispadas, dejo escapar el nombre de un santo y libró su destino de amor al choque frontal contra el corazón cerrado bajo siete llaves de Clara.
Un gato enorme y negro cruzo frente a las piernas de Fernando por tercera vez en el día y por tercera vez Fernando estaba lo suficientemente perdido en sus pensamientos como para no verlo, para no notarlo.

fino/2017.

Déjame dormir tranquilo.

                                              


 

                                                        
Sobre la textura suave de tu cuerpo no descanso, brillo y bailo sin control. 
Mi alimento, el nutriente primario que proviene de tus senos turgentes no me llega y ya no tengo colores en esta neblina de tiempo perdido. Casi como un lamento me desvela el deseo de morder, de llevarte a mi boca y de explorarte en la ceguera del amor. Cargo con la traición de los sentidos en este hastío, giro ciego en esta calesita infinita, giro, es todo lo puedo decir.
Ahora debo salir a ganarme la sangre que me falta para no sumarme al descanso triste y frío del desencanto. Los colmillos comienzan a asomar en mi boca pálida y tiemblo por los nubarrones que llegarán antes de la media noche. Saldré, debo salir. Necesito beber la sangre que me falta y la sed no muere con un solo trago, este apetito muere en carnosos bocados de tu fibroso cuello. No descansaré hasta que salga el sol o al menos hasta que aclare en este lado del mundo. Ya no descansaré, no miento, no sé mentir, tampoco sé reír. La noche me da alas y estas cadenas herrumbradas ya no pueden detenerme. Los dedos no me obedecen y solo consigo lamer la mezcla de espuma y anzuelos con las que me llenaron el vaso.
¿Ya me encontraste?
¿Ya me negaste tres veces?
Mi turno llega con tu silencio y saldré a devorar cuantas cosas deba de devorar, llegará también la hora de comer carne cruda, de sobrevolar la carroña que dejó la fiesta y llenar mi cuerpo destripado relleno de algodón y desconsuelo. No me busques más amor, no cuentes las horas felices, te dejaré sobre el estante todo lo que tenga para dar. Me iré murmurado sobre el fracaso de atar con alambre el resto de la vida que me queda. No puedo re-diseñar este mapa petrificado, ni esconder las mareas en los pliegues de la noche.
 Escaparé hacia el patio, caminaré en círculos, detrás de las rejas, solamente daré vueltas alrededor de esas riestras de ajo con esta estaca de madera clavada en el corazón.
                                                                                                                             
fino.           

Pintura: Claudio Taddei.

Música : Vampiro - Charly García.

                                  

HOGAR.

                                                            


-Fede, vení un momento bebé –sonó la voz de la madre desde el comedor.
-Si eso, veníte ya para acá –gritó el padre acentuando su urgencia.
-Cual es el apuro ¿Acaso se incendia algo? –preguntó Federico tratando de hacerse el desentendido, aunque sabía por donde atacarían las fuerzas enemigas.
-No te hagas el boludo que no te queda bien. Si hay algo que no sos, es precisamente eso.
-Dale viejo ¿Que pasó ahora?
-Pasó que llamaron del liceo y dicen que hace varios días no te ven ni el pelo
¿En que andas guacho de mierda?
-¡Néstor!, dijimos que nada de insultos.
-Que insultos ni que carajo mujer ¿No te das cuenta que este pendejo nos vive tomando el pelo?
-¡Néstor!, recordá lo que dice el terapeuta.
-Que terapeuta ni ocho cuartos, no ves que este mocoso nos agarra de pelotudos todo el tiempo.
-Bueeeeno, mientras ustedes se ponen de acuerdo en como encarar las relaciones familiares, voy hasta la cocina para hacerme un café con leche, ¿tá?
-Mira pendejo, trata de bajarte de la nube de pedos en que vivís y decinos porque no fuiste a estudiar en toda la semana.
-Néstor, amor, sin gritar.
-Pará mujer, déjalo hablar, quiero saber que mentira nos va a decir este guacho mal criado, que por cierto, gran parte de su crianza te corresponde.
-Tesoro, no seas agresivo. Pensá que somos una pareja y las responsabilidades son compartidas como dice el doctor.
-Para de decir bobadas boluda, me tenés repodrido con tus pelotudeces, al final sos peor que tu madre.
-¡Con mamá no! ¡Con mamá no!
-Bueeeno, ustedes hablen de amor y educación que yo me voy a hacer la leche    –dijo Federico caminando hacia la cocina mientras sus padres comenzaban la riña de todos los días –Ahhh, y miren que ya no queda azúcar -gritó ganando la puerta del fondo donde el sol de la tarde calentaba mucho más que el fuego de su “hogar, dulce hogar”.

 


fino

MM


                                                    


El vaso cayó de su mano y ella se durmió para siempre. Estaba sola.
Marañas platinadas de pelo revuelto le llovían por la cara lavada y su lunar-lucero se iba despintando, iba cayendo rumbo a su boca manzana. Rompieron la puerta para poder entrar. Encendieron las luces de la sala, y allí estaba su cuerpo desprotegido bajo una bata de seda blanca desacomodada. Había cientos de cartas arrugadas de amores vencidos, desparramadas en el piso. Su vida se incendió en un mundo que no estaba a la altura de un invento con plumas de neón. Sus anillos de diamantes descansaban ahogados en el fondo de una hielera de cristal. El desorden, los muebles destruidos rodeaban su trono perdido en la batalla contra la soledad en los tumultos. La habían usado. Ella comprendió y se durmió para siempre flotando sobre una balsa frágil de pastillas rumbo a lo desconocido. Como siempre, sola. Una vez más, sola, sin fantasías ni decorados, pero con la desnuda verdad de ser quien no se es. El vaso seguía rodando por el piso, rebotando una y otra vez contra los zapatos y las conciencias manchadas de sangre de quienes invadían la habitación. Ella no pudo volver a casa y mientras corrían las cortinas, la bestia reía escapando por las azoteas con trozos de la victima en la boca, vísceras, corazón y hermosa carne blanda. 
 
fino.
Música: Mephisto - Claudio Taddei.

Del libro: El Gen de la Bestia.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Implacables


                                                                                (Colage: Lily Gar).

La luz y el viento calan el alma


no sé por donde comenzar

pero todo pasa,

idea sobre idea

espacios

instantes para cazar o ser cazado.


Vaciar la sed de tu boca en un grito,

nos falta todo y algo más

ganaremos todo , perderemos todo.

Las luces están muriendo

como palabras que se van pudriendo

sin encontrar papel, ni lengua, ni boca.


El viento, la luz opaca...

solo nos queda caminar

y sacudir con tu aleteo la piel triste,

estamos más cerca.

Vaciamos los pulmones de aire viciado

solamente  nos queda caminar tomados de la mano.


Suenan tus campanas infinitas

mi mente busca entre libros y basura alguna historia

algún olor , algún aroma

suenan tus pulseras chocando entre si

suenan truenos, cruje la rosa al morir.

Solo nos queda caminar tomados de la mano,

implacables

              (la iglesia y el bar

                     piedras de soledad y ceguera)

solo nos queda hundirnos, devorarnos

sin imposibles, sin rencores

 y sonreír, tomados de la mano.


fino.
 
Mùsica: Love of my Life - Queen.