Cuentos, textos, simulacro de poesía, pago de cuentas pendientes, divagues... y Canciones. Libre de IA
martes, 26 de marzo de 2019
Esperando
viernes, 22 de marzo de 2019
Cinco besos.
fino.
miércoles, 13 de marzo de 2019
La Gárgola.
Le decíamos “La Gárgola”, estaba siempre perdido en los rincones y hablaba muy poco. Era desgarbado y de tan alto se le formaba en la espalda una joroba que lo encorvaba hacia adelante. Su pelo largo y desmechado ocultaba sus rasgos aniñados y un par de ojos tristes que daban la impresión de estar pidiendo auxilio. Llegaba cada tarde a donde nos juntábamos, saludaba mascullando un “Hola” casi imperceptible y se quedaba a un costado. No se sabe quién lo había arrimado a la barra, pero él se fue quedando hasta hacerse parte del paisaje. Casi nunca decía más de dos o tres palabras, habláramos de música, de sexo o de bueyes perdidos. Era generoso a la hora de la colecta para cervezas, vino o para hacer refuerzos y muchas veces era el único que tenía plata. En esos días gastábamos horas y noches sentados en la plaza analizando el mundo, la revolución y elaborábamos las más complejas teorías sobre cómo cambiar la sociedad con la filosofía que nos inspiraban los culos de las botellas que, vacías, íbamos apilando. “La Gárgola” siempre llegaba cuando todos ya estábamos reunidos desde hacía rato, saludaba y se acomodaba en un rincón sin hablar. Pocas veces reía cuando los vapores del alcohol nos disfrazaban de payasos pasadas las dos de la mañana. Candidato y blanco fácil de las bromas, otras veces luego de que hiciera el aporte para la colecta, lo dejábamos solo en un murito esperando, mientras nosotros nos perdíamos caminando la madrugada entre divagues y charlas de borrachos. Nunca se molestaba, era un tipo manso, no peleaba ni discutía, él simplemente estaba ahí.
Una tarde el padre Julito, un amigo de la barra, vino a contarnos que se habían llevado preso a su hijo, por haberse entreverado en un negocio turbio. Quedamos impactados y sin poder encontrar consuelo por su mala suerte Después del relato y las explicaciones del veterano, cuando la charla cayó en el silencio de la incredulidad y la impotencia, “La Gárgola” llamó aparte al padre de Julito y se pusieron a charlar durante unos cuantos minutos. Vimos que “La Gárgola” le daba la mano al viejo y desde lejos, mirando a la barra, saludó despidiéndose. Nos dio la espalda y se fue caminado por un sendero de la plaza hasta perderse en la avenida. El padre de Julito se acercó y con cara de asombro preguntó:
-¿Quién es este muchacho?
Le explicamos que no lo sabíamos muy bien, que en realidad lo conocíamos muy poco. El viejo, con los ojos vidriosos y sin entender muy bien, nos dijo:
-Este muchacho dice que no me preocupe. Que en dos días viene y me trae plata para pagar un buen abogado que saque a Julito de los problemas. Quedamos impactados, incrédulos, y sin entender nada. Empezamos a tirar de la madeja, a hacer conjeturas, a rastrear como sabuesos, alguna pista que nos permitiera comprender. Alguien dijo que “La Gárgola” era de familia acomodada, otro, que los padres tenían un comercio. Otro, que había heredado una pequeña fortuna. La verdad es que nada estaba claro, navegábamos en un río de suposiciones que no hacían más que entreverarnos la cabeza. Lo cierto es que, devorados por la profundidad de la noche, nos fuimos a dormir sin entender mucho qué era lo que estaba pasando. Algunos días después, ya con Julito entre nosotros, luego de arrepentimientos y de historias para el olvido, no podíamos sacarnos de la cabeza la imagen de “La Gárgola” entregándole al padre de Julito un sobre repleto de dinero y colaborando con un grueso puñado billetes para la colecta nuestra de cada día. Aquella tarde tampoco habló. Simplemente se acomodó a un costado y soportó nuestras risotadas, nuestras bobadas. Solo hacía muecas apagadas que, en su idioma, era toda una muestra de felicidad. Ese día dejó de aparecer, de la misma manera que había llegado se fue, no lo vimos más. Miento. Vimos su cara en un recorte de diario que contaba la noticia de un delincuente muy buscado y peligroso que a punta de revolver asolaba un barrio pudiente desde hacía varios meses. Un joven violento y despiadado a la hora de los hechos, rezaba el pasquín.
fino. ilustraciòn: Diego Soria.
miércoles, 23 de enero de 2019
En tus manos.
Una flor , una luz, tu amor
las cortinas y tu pan.
La costumbre
mis piernas, tus dientes
imagino
solo imagino,
no hay falla.
fino.
miércoles, 9 de enero de 2019
Los disparos
jueves, 3 de enero de 2019
Dos Gallinas, una paloma.
lunes, 24 de diciembre de 2018
Hambre y cerrojos.
Sobre la
textura suave de tu cuerpo no descanso, brillo y bailo sin control. Mi
alimento, el nutriente primario que proviene de tus senos turgentes no me llega
y ya no tengo colores en esta neblina de tiempo perdido. Casi como un lamento
me desvela el deseo de morder, de llevarte a mi boca y de explorarte en la
ceguera del amor. Cargo con la traición de los sentidos en este hastío, giro
ciego en esta calesita infinita, giro, es todo lo puedo decir.
Ahora debo
salir a ganarme la sangre que me falta para no sumarme al descanso triste y
frío del desencanto. Los colmillos comienzan a asomar en mi boca pálida y
tiemblo por los nubarrones que llegarán antes de la media noche. Saldré, debo
salir. Necesito beber la sangre que me falta y la sed no muere con un solo trago,
este apetito muere en carnosos bocados de tu fibroso cuello. No descansaré
hasta que salga el sol o al menos hasta que aclare en este lado del mundo. Ya
no descansaré, no miento, no sé mentir, tampoco sé reír. La noche me da alas y
estas cadenas herrumbradas ya no pueden detenerme. Los dedos no me obedecen y
solo consigo lamer la mezcla de espuma y anzuelos con las que me llenaron el
vaso.
¿Ya me
encontraste?
¿Ya me negaste
tres veces?
Mi turno llega
con tu silencio y saldré a devorar cuantas cosas deba de devorar, llegará
también la hora de comer carne cruda, de sobrevolar la carroña que dejó la
fiesta y llenar mi cuerpo destripado relleno de algodón y desconsuelo. No me
busques más amor, no cuentes las horas felices, te dejaré sobre el estante todo
lo que tenga para dar. Me iré murmurado sobre el fracaso de atar con alambre el
resto de la vida que me queda. No puedo rediseñar este mapa petrificado, ni
esconder las mareas en los pliegues de la noche.
Escaparé
hacia el patio, caminaré en círculos, detrás de las rejas, solamente daré
vueltas alrededor de esas riestras de ajo con esta estaca de madera clavada en
el corazón.
fino.
Música: Vampiro - Charly García - Pedro Aznar.
Ilustración: Diego Soria.
martes, 16 de octubre de 2018
AMOR.
fino.
miércoles, 29 de agosto de 2018
A Wiliam W.
Sos un hombre diferente, lo sabes.
Talvez tus ojos de locura calma, hundidos y cansados oculten el rumbo de lo que vas a decir.
Tu
mentón cuadrado va abriendo el paso hasta el cuello en una imaginaria
escalera, nace en la punta de tu nariz fina, afilada y dibuja con tu
boca un peldaño más.
Definitivamente tenés la melencolía tallada en
la boca y vas manejando con cada mueca de tus labios apretados
las palabras que te has empecinado en callar.
Estas triste y las
huellas de tus pensamientos se ven en los surcos que tus dedos dibujaron
en tu pelo negro revuelto. Tu piel blanca y sin brillo muestra la
sombra opaca de otra noche.
No hay preguntas. No se justifican las
respuestas, el arco intenso y desafiante que forman tus cejas nos hacen
repensar lo que vamos a decir, una entramado de compleja sencillez, en
tu paz la guerra.
fino Sosa - 2018
Viscoso.
Al entrar a la sala
totalmente pintada de blanco, Claudia vio a Mario sentado sobre la cama mirando
la profundidad del piso totalmente cuadriculado.
- Sr,su medicina - dijo
Claudia -, debe tomarla.
CLARA.
-Tus ojos grandes saben callar, saben de luz en lo oscuro, saben de fe sin fe.
Fernando después de hablar, se dejo caer sobre el mustio sofá en un rincón de la sala.
Vos sabes, estás en todos mis recuerdos –continuó.
-Después seguimos hablando, ahora estoy cansada -se justifico Clara.
-Tarde
o temprano hay que dejarlo resuelto -dijo Fernando, retorciéndose los
pulgares de ambas manos con movimientos circulares, manos que
demostraban el nerviosismo que su rostro no.
Clara bajá la guardia -dijo clavándole una mirada desesperada en la espalda, en el cuello, en lo único que podía ver de ella desde hacía un buen rato - ¿Vas a volver a partir?
El
seco sonido de un teléfono vibrando sobre la mesa, cortó la atmósfera
densa, la mano morena de la mujer, cayendo casi como una luz, como un
flash, se aferró al aparato.
Clara suspiro después de ver número en el visor y reclamó:
-Te pedí que no me llamaras, fui insistente en eso, ¿verdad?
Una voz femenina viajó por el oído hasta la corteza cerebral de Clara.
-¡Me pediste que te llamara a las cinco y media, tía!
-Dije que no me llamaras más –mintió Clara, terminando violentamente la comunicación telefónica.
Las
primeras palabras que Fernando había pronunciado se perdieron en el
terreno fangoso que la escultural morena había propuesto.
Ahora todo estaba nuevamente en sus manos, y esta vez con todo el terreno a su favor.
Clara giró hacia Fernando, mostró sus dientes brillantes, su rostro perfecto en una amplia sonrisa.
-Las cosas están así. Nunca más seremos como alguna vez fuimos y el amor se perdió en ello.
Fernando
como avergonzado por las palabras y la belleza de Clara, bajo la vista
al suelo de madera que en franjas gruesas se fugaban hacia otra
habitación.
-No podes hablarme así Clara, te busque por todas partes, todos saben de eso.
-Eso es lo que menos importa Fernando, no importa lo que no sucedió.
Importa lo que vivimos y pero eso ya no hay nada que pueda revivirlo. Terminó.
La
tarde dejaba de serlo através de la ventana de la sala, en el inmenso
jardín caía la noche, como una amenaza y sobre la vida de Fernando se
reflejaba lo que el jardín proyectaba.
Desde el comienzo ella sabía lo que iba a pasar, por eso la llamada arreglada, quería escapar, estaba renunciando.
Fernando
se tomo la cara con ambas manos, la frondosa barba cana quedo tapada
por sus manos crispadas, dejo escapar el nombre de un santo y libró su
destino de amor al choque frontal contra el corazón cerrado bajo siete
llaves de Clara.
Un gato enorme y negro cruzo frente a las piernas de
Fernando por tercera vez en el día y por tercera vez Fernando estaba lo
suficientemente perdido en sus pensamientos como para no verlo, para no
notarlo.
fino/2017.
Déjame dormir tranquilo.
Sobre la
textura suave de tu cuerpo no descanso, brillo y bailo sin control.
Mi alimento, el nutriente primario que
proviene de tus senos turgentes no me llega y ya no tengo colores en esta
neblina de tiempo perdido. Casi como un lamento me desvela el deseo de morder,
de llevarte a mi boca y de explorarte en la ceguera del amor. Cargo con la
traición de los sentidos en este hastío, giro ciego en esta calesita infinita,
giro, es todo lo puedo decir.
Ahora debo
salir a ganarme la sangre que me falta para no sumarme al descanso triste y
frío del desencanto. Los colmillos comienzan a asomar en mi boca pálida y
tiemblo por los nubarrones que llegarán antes de la media noche. Saldré, debo
salir. Necesito beber la sangre que me falta y la sed no muere con un solo trago,
este apetito muere en carnosos bocados de tu fibroso cuello. No descansaré
hasta que salga el sol o al menos hasta que aclare en este lado del mundo. Ya
no descansaré, no miento, no sé mentir, tampoco sé reír. La noche me da alas y
estas cadenas herrumbradas ya no pueden detenerme. Los dedos no me obedecen y
solo consigo lamer la mezcla de espuma y anzuelos con las que me llenaron el
vaso.
¿Ya me
encontraste?
¿Ya me negaste
tres veces?
Mi turno llega
con tu silencio y saldré a devorar cuantas cosas deba de devorar, llegará
también la hora de comer carne cruda, de sobrevolar la carroña que dejó la
fiesta y llenar mi cuerpo destripado relleno de algodón y desconsuelo. No me
busques más amor, no cuentes las horas felices, te dejaré sobre el estante todo
lo que tenga para dar. Me iré murmurado sobre el fracaso de atar con alambre el
resto de la vida que me queda. No puedo re-diseñar este mapa petrificado, ni
esconder las mareas en los pliegues de la noche.
Escaparé
hacia el patio, caminaré en círculos, detrás de las rejas, solamente daré
vueltas alrededor de esas riestras de ajo con esta estaca de madera clavada en
el corazón.
fino.
Pintura: Claudio Taddei.
Música : Vampiro - Charly García.
HOGAR.
-Fede, vení un
momento bebé –sonó la voz de la madre desde el comedor.
-Si eso, veníte ya para acá –gritó el padre acentuando su urgencia.
-Cual es el apuro ¿Acaso se incendia algo? –preguntó Federico tratando de
hacerse el desentendido, aunque sabía por donde atacarían las fuerzas enemigas.
-No te hagas el boludo que no te queda bien. Si hay algo que no sos, es
precisamente eso.
-Dale viejo ¿Que pasó ahora?
-Pasó que llamaron del liceo y dicen que hace varios días no te ven ni el pelo
¿En que andas guacho de mierda?
-¡Néstor!, dijimos que nada de insultos.
-Que insultos ni que carajo mujer ¿No te das cuenta que este pendejo nos vive
tomando el pelo?
-¡Néstor!, recordá lo que dice el terapeuta.
-Que terapeuta ni ocho cuartos, no ves que este mocoso nos agarra de pelotudos
todo el tiempo.
-Bueeeeno, mientras ustedes se ponen de acuerdo en como encarar las relaciones
familiares, voy hasta la cocina para hacerme un café con leche, ¿tá?
-Mira pendejo, trata de bajarte de la nube de pedos en que vivís y decinos porque
no fuiste a estudiar en toda la semana.
-Néstor, amor, sin gritar.
-Pará mujer, déjalo hablar, quiero saber que mentira nos va a decir este guacho
mal criado, que por cierto, gran parte de su crianza te corresponde.
-Tesoro, no seas agresivo. Pensá que somos una pareja y las responsabilidades
son compartidas como dice el doctor.
-Para de decir bobadas boluda, me tenés repodrido con tus pelotudeces, al final
sos peor que tu madre.
-¡Con mamá no! ¡Con mamá no!
-Bueeeno, ustedes hablen de amor y educación que yo me voy a hacer la
leche –dijo Federico caminando hacia
la cocina mientras sus padres comenzaban la riña de todos los días –Ahhh, y miren
que ya no queda azúcar -gritó ganando la puerta del fondo donde el sol de la
tarde calentaba mucho más que el fuego de su “hogar, dulce hogar”.
fino
MM
Del libro: El Gen de la Bestia.








