martes, 30 de mayo de 2023

Melatonina.

 

                                                                   

           

Voy a morir en el año dos mil y pico. No me quedará tiempo para algunas cosas, seguro sobrará para otras. No me quedará tiempo para ir a la luna, si para llegar hasta allí. Perderé la ilusión de que muchas cosas cambien pero encontraré otras en las que creer. No tendré tiempo de tener más hijos, los que tengo me desbocan el corazón solo con mirarme. Son mi vida. Tampoco alcanzarán las horas para reparar todo lo que rompí, las heridas que cause, los llantos que provoqué, solo puedo decir: lo siento, lo hice sin querer. Es verdad, aunque en algunos casos la verdad sea el refugio de los cobardes. Es que el tiempo cambia los ángulos, los límites, las líneas de emergencia, y lo que alguna vez fue una caricia, quizás ahora solo sea un hilo de cristal.

No me darán los años para tapar las grietas de las manos astilladas ni las creadas por la distancia, pero nadie pide piedad si primero no hay dolor. Seguramente no podré espantar los lobos que asechan en la oscuridad, tampoco los que lamen su pelambre bajo el sol como gatos de vidriera. Talvez pueda aullar mal herido en cualquier cielo estrellado y recordar lugares, gente, cúpulas lejanas, mapas o canciones de amor. Talvez pueda olvidar encierros, cárceles, gritos, silencios, heladas y maderas podridas. Tal vez pueda recordar amores gastados, paisajes, besos, días de sol y hierro fundido.

Es solo tiempo, sanaciones del futuro ante la demolición del pasado. Las disculpas del caso.

Perdón.

El mundo muta en cada segundo y no tendré tiempo para no sé qué. La vida cambia, va girando, seguramente hoy sea mejor que ayer para algunos y para otros todo lo contrario. De contradicciones se vive. El que esté libre de piedras que tire la primera culpa. Las mías ya las sabés.

Voy a morir en el año dos mil y pico. Dejaré de respirar aire contaminado y de tomar agua intomable. Ya dejé de comer y de rascarme cuando pican los zánganos. Dejé los platos lavados y la cocina planchada, la televisión descongelada y las tazas sucias de café. Mataré dos pájaros de un tiro con un rifle descargado. Intentaré pagar las cuentas, si es que este dinero alcanza para algo.

Por lo pronto escribo estas palabras para que mi testamento deje de ser imaginario. Moriré en el año dos mil y pico, no sin antes decir, por millonésima vez: te amo. Te Amo.

fino.

  Música:  Pra onde voce vai - Lobao

viernes, 19 de mayo de 2023

Dualidad.

                                                                  


No somos inocentes.                                                                                              La vida esta pasando por aquí. Polvo, risas, camino y llagas en los pies.      Todo ese tiempo incrustándose en la mollera, como señales, como tatuajes verdaderos, presos de una tinta indeleble.

Quizás sobren mis manos y estas palabras aburridas.

Afuera el tránsito se despereza en los brazos de los primeros rayos de luz. Es esa hora en que nadie quiere cambiar, ese instante preciso en que nada puede cambiar.

Ahí, busco alguna palabra muda, invisible, que tape todos estos años y todas las heridas de nuestra vida.

Yo me pregunto que dirías vos, que me dirían tus ojos divinos.                       Qué diría tu boca inalcanzable, qué sonidos inventaría.                                 Fusas, corcheas, negras o blancas cargando el lastre ingobernable de nuestras almas sedientas.

Pregunto que dirías vos. Mientras sigo condenado a este fuego y a su atmósfera implacable, a tu ternura invencible y a los escombros.

Fuego.

Fuegos cruzados nivelando sintonías.

Y es difícil volver atrás, guardar entre mis manos los pliegues marchitos de tu amor, tragarme todo este silencio y toda su distancia.

Es verte sin ver. Es hablarte y callar.

Veo tus rostros, tus ojos, tus letras frías, el tul, las penas y las redes vacías.

Ahí, busco alguna palabra muda, alguna melodía que nos rescate de los malos sueños, de los malos ratos.

Ahí. Es verte sin ver, es hablarte y callar.                                                                  No somos inocentes.

 

fino.                                     Collage: Lily Gar.

        Música: Por tudo que for - Lobao.

miércoles, 10 de mayo de 2023

No lloré.

 


  

No lloré. No pude. Aunque fue tu historia y parte de la mía. No lloré, solo vi máquinas, malas fotografías, robots, dibujos animados. Copias endebles.  No lloré. Faltó arte en los rostros, fue colorido invisible. Dulce sobre salado. No pude. Alejados del caos primario, del nervio eléctrico de los tiempos. No lloré. No conecté a pesar del sonido de una música celestial, exquisita. No pude. Fue tu historia, parte de la mía. Solo partes de tu historia, pedazos, fríos retazos de la mía ¿Dónde quedó la parte cobarde, la velocidad, la parte caníbal, los vagones, la histeria y la sed?¿ Dónde los puños contra las paredes, dónde los mendigos que llenábamos las noches tapándonos en tu piel? ¿Dónde?

Lo necesitaba, quería. No pude. No lloré.

No bajó la estrella, no sopló en mi oído el viento de la locura, no pude quedar ciego. Te vi surfeando la marea con una risa suave en la piel. Solo vi partes. Lejos de los fuegos, de la saliva en la boca y el aire. Lejos de los vientres y laberintos, de las cuevas mágicas. Lejos de las notas altas y el pan. Lejos de vos. Lejos de mí. Copias. No lloré. No hubo caso. Necesitaba. No pude. No lloré.                                                                                                           

De todas formas, es cierto, hay cosas que siguen calando los huesos. Son y fueron tus manos, tus intentos, tus flores fusiles ametrallando cualquier silencio. Vos, inundando mi chatura, los espacios vacíos, los espejos, los ídolos de marfil, el pavor. De todas formas. De toda forma. De todas las formas. Te veo. Te vi. Necesitaba.

No lloré.

Después caerá el telón y todos volveremos a esperar que gire el disco. Serán los aplausos, las letras en tinta con y sin sangre. Después volverá la risa y las lágrimas tibias arando la piel. Serán las preguntas, los cubos, los mandalas y los rezos incrustados en las nubes más altas o las maldiciones agujereando las más bajas. Serán. Será. Seremos otra vez. Es tu historia, fue parte de la mía.

Debo confesar, no lloré.

 

fino.                    

       Música: D.L.G - Fito Páez.                          Foto: Yula (Julio A. López) extraída de YouTube.

 

martes, 25 de abril de 2023

Abril me resta tiempo.

                     


Te lo conté mil veces, sin parar

en la distancia

desde las sombras

sin que me vieras

sin oírte.

Te acaricié tanto y tan temprano

para que no despertaras

para ver tus ojos en mí,

ahora solo tengo silencios y mi voz cansada.

 

Cada Abril me resta tiempo,

me resta piel.

 

Guardo la atmósfera fría

de tus labios estampados en un papel con lápiz labial,

y esta espesa niebla perversa

que me aleja más y más.

Más que ese beso de papel

más que el sinuoso muro de los años.

 

Sin mis dedos viejos en tu pelo

tu imperio ya no es mío

pero tuyas son mis flores

y las calles que quedaron allá atrás,

las que nunca cruzarás

por las que nunca pasarás.

 

Es hora que sepas, no quiero hacerte daño,

no quiero sacarte los pedazos.

Es hora que grites contra el viento

que gastemos caricias en curar la herida.

Nado contra la corriente

incompleto

sin imaginar lo que va a venir.

Son hacia mí

todas tus balas perdidas.

 

fino.

Música: Volví para encontrarte- Diego González.

 

 

 

viernes, 17 de marzo de 2023

El peso del peligro.

 

                                                             


       

Despertó inquieto, no era su cama. La oscuridad de la habitación se partía en dos por la luz filosa que vomitaba una puerta entreabierta. Las manos pequeñas de Carlitos se hundieron bajo la almohada pesada y dura. Los dedos de su mano derecha se enroscaron en la culata fría de un revólver. Sin saber de qué se trataba apretó fuerte y arrastró el arma sobre las sábanas hasta sacarla de su letargo mortal. Molesto por la incomodidad de su short mojado se sentó en el borde de la cama y dejó colgar sus piernas intentando tocar el piso con la punta de los pies. Al bajar, el revolver más pesado que su brazo, quedó prendido de su mano. El caño plateado arañaba el piso.

Caminó hasta abrir la puerta y el fogonazo de la luz del corredor lo cegó por un momento. Sin dejar de caminar y con el sueño dibujado en el rostro reconoció la figura de su madre. No comprendió la expresión que vio en su cara, ni el horror contenido en la profundidad de sus ojos. Ella, desesperada, ahogaba entre las manos un grito de terror. Ahí, hundido en un pozo de silencio y aire petrificado Carlitos sintió el placer de los dedos de su madre acariciándole la cabeza mientras dejaba caer el peso del peligro que había arrastrado por todo el pasillo.

 

fino.                                             

                                          De: Relatos.


viernes, 20 de enero de 2023

Okinawa Blues.

                                                                          


Una cajita de metal llena de pimpollos de rosas, secos. Estaban ahí, esperando por las veces que ella no llegó. Uno por cada vez que no llegó. Rositas blancas, pequeños vestigios de soledad y espera. Empecinado los pensaba y los guardaba envueltos en pátinas de fe. Los pétalos gastados olían a otra cosa.

Esto termina esta noche, dijo y dio un portazo al salir. Los ventanales del bar, junto a la puerta, quedaron vibrando. Su miseria mental no le permitía ver más allá del deseo. Salió caminando rápido, sacudiendo los brazos con movimientos mecánicos al compás de sus pasos. No veía a las personas que pasaban a su lado, no escuchaba otra cosa que sus ideas chocando dentro de la cabeza, era una voz interior que manaba potente, sin posibilidad de cambio. La premisa era terminar con todo. Se sabía devorado por un agujero negro, y esa oscuridad lo llevaba por caminos laterales, persiguiendo recuerdos que lo ataban a ella y que solo podría calmar cubriéndose de sal. Por eso la esperaba, apoyado en una columna a oscuras imaginando estrategias. La esperaba donde nadie se atrevía, a media cuadra del río. Hundido en la penumbra fumaba con paciencia nipona, escondiendo la brasa del cigarrillo en el hueco de la palma de su mano. Era una luz mala, un alma en pena intermitente y peligrosa maquinando los últimos minutos antes de que pasara lo que tenía que pasar.

Nada puede impedir las vueltas de la vida, y su cuerpo incrustado a la tierra, haciendo tierra, descargaba una paz intranquila, espiritual. Tiró el cigarro antes de quemarse los dedos y besó el vidrio de la urgencia, del deseo, de la sed. Sintió la tibieza del sorbo que un maldito ilusionista le obligaba a beber. En otra parte del mundo es Abril y estallan los cerezos, ahora, hundido en el silencio, pintaba su deseo estúpido en un lienzo descascarado. Pintaba la belleza del fracaso. Su brillante fracaso. Terminó la petaca, y en la intermitencia del pestañeo la vio asomar doblando la esquina. Era ella, no tenía dudas. Adivinaba su aroma que se mezclaba en las narinas con el olor de los pimpollos ajados. Era hermosa, de paso felino, con el pelo bajándole hasta los hombros y el vestido violeta bailando en una danza infinita.

Aferrado a la columna suspiró, y se clavó en su alma el apetito irrefrenable de besarla, de tenerla en sus brazos por última vez, como aquella vez, la única, cuando todo comenzó, antes que llegaran los susurros de bocas invisibles y comenzaran a hablarle. La veía llegar y estalló en el cielo un relámpago mudo que atravesó el cielo, y una la llovizna tibia, lenta, abrió la oscuridad que los separaba. Ella no lo vio acercarse. Él, decidido, caminó a su encuentro superando el vacío de mil noches en vela, y a cada paso evitaba caer en los cráteres de su insanía. Antes que nada quería hablar y decirle las mil palabras que a borbotones se agolpaban en su boca, para después besarla en paz, en silencio. No importaba si ella lo recordaba, no importaba. Deseaba que lo supiera todo. Él la enfrentó con la esperanza de un comienzo. Ella se detuvo espantada y en su cara se dibujó la inmensidad del terror. El pudo ver que nada sería como había imaginado. Estaban estáticos, parados frente a frente, en medio de la calle oscura, empapados desde el cielo.

El dio un paso atrás, se estaba pudriendo por dentro, desconcertado metió la mano en el bolsillo, se aferró con fuerza al metal helado. La miró a los ojos y con un movimiento seco, rápido e implacable, dejo a sus pies la cajita llena de pimpollos blancos, oxidados. Bajo el cielo tormentoso la lluvia lo borraba todo.

fino.                                                                     Del Libro: Mil Bares.      Collage: Lily Gar

 Música: Cielo todo Gris - La Triple Nelson.

 

viernes, 6 de enero de 2023

Silvana.

                                                                  

Ella siempre caminaba en los contornos del séptimo día, esa tarde sabía que estaba embarazada. Descontrolada, le hervía la sangre de pasión, de rabia y venganza. El premio estaba ahí, en su cuerpo, y el útero reclamaba por recuperar el control. Un bebé era la solución para aplacar la hoguera en que se le asaba la juventud. Tomó un bus hacia el barrio, llegó a Los Nichos, obtuvo calma de un viento fresco fumando en la azotea. Una paz de minutos en una vida con pocos nortes. Su viejo por ahí, y ella a su madre le jugaba a las escondidas. La bomba estaba en sus manos y para Silvana, eso, era lo mejor.

Aries, cuando sabía que ella estaba, venía a gritarle al pie de la escalera. Al pie de esos bloques de apartamentos que hacían de pared contra todos los vientos. El gritaba su nombre y esperaba que se asomara por el tercer balcón de la torre tres. Torres de apartamentos grises y rojos, pero que después de tantos años solo el rojo resaltaba en los ojos de todos, aunque el gris dolía, no perdonaba. Así es el invierno, todo lo castiga. Silvana a veces aparecía en aquel balcón, no siempre. Otras veces se perdía durante días y se escondía donde nadie podía encontrarla. Al menos él.

-¡Silvana! ¡Silvana! ¿Estás? –Aries gritaba como un conocido Montesco en busca de alivio, en busca de sus brazos y de su boca salvaje. Si ella aparecía todo era mágico, veloz.

Esa tarde ella sabía. Solo debía tomar coraje y mentir. Mentir para reclamar su premio en el terreno de los secretos, sin la excusa de la urgencia. Con él podía hacerlo.

-¡Silvana! ¿Estás? –gritó Aries desde el pie de la escalera.

Ella se asomó y a los minutos bajó destilando la húmeda fragancia de su cuerpo, estaba libre en casa de su abuela. Silvana lo besó como al pasar y lo apretó entre sus brazos. En su cadera dormían los sueños y en su sonrisa blanca los de Aries. Lo tomó de la mano, lo llevó por el corredor hasta la plaza, hacia el corazón de las viviendas. El la miraba un paso atrás, el paso que ella imponía al llevarlo de la mano atropellando la tarde. Al llegar a la plaza, junto al paredón, lo beso con hambre, con sed. Atravesó otro poco de su carne, como en esos últimos quince días ella lo venía haciendo.

Lo cocinaba a fuego lento.

-Vuelvo a eso de las nueve, espérame –dijo ella y se fue.

El la miró partir, con la remera roja de hombros descubiertos, el jean cortado, de sandalias chatas, negras. Ella se escurría como una pluma en el viento, y al volverse a saludar, asomaron sus senos por el vuelo de la remera.

Aries quedó esperando sentado en el pasto, recostado a la pared y en brazos de una botella, cambiando fichas con el demonio en un juego de táctica y estrategia, entre sombras, humedades y preguntas. Todo en una sola canción de amor. Olfateaba el desenlace, la despedida. Olfateaba el nunca más, el dolor de la herida que llegaba, y bebía apoyado en la pared, bajo el reflejo gris de la tarde. Sangres formando sangre. Cuestión de tiempo.

 fino.             Collage - Lily Gar.

Música: Um Branco, Um Xis, Um Zero. - Cassia Eller

 

viernes, 23 de diciembre de 2022

Intuitivo.

 



                                                                         (Sincronía Infinito).

 La vista clavada en el infinito

detrás de formas y colores

que no todos ven

y que vos regalas.

La energía fluye

de una rama quebrada en el jardín,

de un sueño sin abril

que gira

que gira y promete volver.

 

El lienzo tensado

a medio pintar

bocas, mares, rosas y ojos,

seres dentro de seres

y tus manos abiertas hacia todos los mundos.

Es un loop,

un eterno retorno,

es volver a empezar

en cada rayo de luz.

 

Hoy, un resplandor atravesó

el cielo nublado,

el cielo cargado de adioses

de fuegos y silencios.

La música perfora los rincones donde habito

¿Cantas ahí?

¿Como brilla la vida ahí?

Los colores, ¿Son tan colores ahí?

Decime.

 

Tengo un crucifijo clavado en la frente

       (otra fe que mantener),

dame algo de tus ojos de antes

dame un poco de esa miel

que se va cristalizando.

Acá, mugre y sol

destrozando almas

llenas de rabia contenida,

como un vaso lleno de sal

acumulando distancias

y palabras por decir.

 

Hoy, la luna es parte del dolor

y mantiene tu silueta agazapada,

sin medidas,

en cámara lenta,

a pesar de nuestro llanto.

Manos, color, boca, ojos y voz:                           

            “...hasta en el silencio, yo te siento presente...”

 fino.              Collage: Lily Gar.

                                       Mùsica: Nuestro Fuego- Diego Gonzalez.

jueves, 15 de diciembre de 2022

PosData.

 

Hola ¿Como estás? ¿Hace frío por ahí? Acá es quince de diciembre. Está gris y pegajoso. Hace una hora que dejó de llover, salió de nuevo el sol y el vapor de agua se transforma en neblina y sube desde el suelo hasta cubrir los semáforos. Veo pero no. Autos, ruidos, transito acelerando poco a poco hacía las luces de la navidad. Hay nervios, electricidad corriendo a toda velocidad hacia esa media noche. Estoy junto a la ventana en los brazos de la primera cerveza del día, a pasos del medio día y con la espada de la melancolía sobre la mollera. Siento su filo a punto de atravesarme el cráneo, mientras “Mother Rose” perfora mis oídos. Tengo un montón de papeles incompletos que buscan el aire de la conclusión. Tengo las manos dormidas, un sol rojo y el cerebro cansado. Tengo ganas de que todo pase. Tengo ganas de encontrar otra voz, la mía me saturó. Por suerte la televisión de este bar está apagada si no mis ojos se quebrarían ante el terror de la calle. El mismo terror. Exacto.

Ya nadie me espera, nadie me escucha, ni falta les hace. Se terminaron los cumpleaños, se terminaron los abrazos y las canciones en medio de la madrugada, todos mis hermanos perdieron la apuesta y yo estoy pagando los saldos pendientes con un agujero en el pecho. Soporto el embate, no es cuestión de dinero, es cuestión de alma. Estoy anclado a este bar lleno de remendados y rebusco en mis suturas inclinado sobre mi costado izquierdo lo más fiel de mi pasado, lo más claro de lo usado. Ahí, en la calle, hay un Papa Noel de mentira dando regalos infectados de tapabocas manipulados, al tiempo que voy de la cama al living sin moverme de la silla. Lo veo repartiendo miserias a los seres olvidados, a la gente que está pidiendo, a la gente que duerme bajo el cielo de todos los veranos, a la gente enferma envuelta en pasta asesina... y yo atrapado en este estúpido sermón. Me tengo asco, lastima y miedo. Soy capaz de todo. No tiembles pero es verdad. No me tengas piedad, solo son confesiones de navidad. 

Hay miles de cadáveres animados implorando por otro día, por otra copa y son interminables las colas de inscripción en los colegios privados para pobres, como si esa fuese la solución, y solo es una manera de tapar el cáncer de la soledad. La salvación no se compra con dinero, ni fumando en la puerta lejos de la gente. Hay moscas sobrevolando el pescado podrido, hay cientos de preguntas sin respuesta y sin sentido.

Sigo pagando saldos mientras suena “Himno del Incendio” de los Hablan por la Espalda. Respiro. Gracias por la música, que sí salva. Me salva.

Hola ¿Como estás? ¿Hace frío por ahí? Contame, aun espero mi regalo de navidad. Aun espero alguna palabra, alguna señal. Me estoy apagando. Todos hablan, piensan. Nadie escucha. Contame. Whis you were here.

fino.

        Del libro : Mil Bares                        Música: No ordinary Love - Sade.

 

miércoles, 9 de noviembre de 2022

La pelusa de los plátanos.

                                                            

                                                              




La pelusa de los plátanos cae sobre la mesa como nieve, como lluvia alérgica azotando nuestros cuerpos doloridos, enfermos. Y eso no es todo, también está el viento, el asfalto hirviendo, pero sobre todas las cosas esta nueva soledad. Estamos sentados frente a frente afuera del bar, en una de las mesas que hay en la vereda. Estamos vacíos, sin hablarnos. El, hundido en la pantalla de su celular, yo, en mi taza de café. Ya no nos quedan cosas por hablar, los puñales ya atravesaron la carne, arrasaron, pasaron astillando huesos y años, anidaron en las entrañas. El daño está hecho. Pensar que en este mismo lugar, él me dijo que moriría por mí, que mis ojos lo habían salvado de todo. Ahora que lo pienso podría preguntarle si a ella le dijo lo mismo. Es difícil despertar así de un largo letargo, de una calma inmensa, del sueño inclaudicable de la felicidad. Fueron años, muchas noches y primaveras.

La patada que sentí en el pecho fue como un electroshock, me vi chorreando baba, apretando los maxilares sin protección hasta deformarme la cara. Fui un Dalí al rojo vivo, sangre caliente al rojo vivo, sangre caliente derramada al vacío. Él sigue chequeando correos y whastapp, seguro controla transferencias bancarias y llamadas, hoy es viernes y tiene salida de amigos. Mi café se enfrió y lo bebo sin asco en un ritual de desesperanza. No quiero mirarlo nunca más, mis ovarios se comprimen, mis ojos se van achinando y me nacen colmillos pero no deseo morder su yugular. Deseo que desaparezca y se lleve esa maldita sonrisa que hoy maldigo, menos mal que solo tenemos vicios materiales, cosas y fotos. No hay perro, ni gato solo las palabras que ya se llevó el viento. El viento de la mentira.

¿Y matarlo? Envenenarlo con todo mi odio y resentimiento. O tal vez acuchillarlo apretando con furia la daga del desprecio. Inútil. De nada serviría entrar en ese bosque espeso, son solo pensamientos escondidos en las sombras de mi mente. Impulsos encerrados con cuatro llaves en las paredes de mi cráneo, deseos solo aptos para soñar despierta, fantasías que se arremolinan en la nebulosa de la impotencia. En realidad ahora ya no siento nada, me abraza un témpano al tiempo que comprendo el poder del vacío. Su cara se va disolviendo, se va borrando. Años atrás pegábamos los recortes con saliva, incrustábamos a puro beso y sexo mensajes interestelares en las profundidades del firmamento. Construimos castillos desde los cimientos del abrazo y el sudor. Verlo pasar las pantallas con el dedo, es como morir de sed. Agarro mi cartera, la abro, saco el lápiz de labio. Me pinto sin espejo, beso por última vez una taza frente a él. Ya fue.

La pelusa de los plátanos sigue cayendo como nieve y lo congela todo.

Me levanto y me voy. Que pague la cuenta con efectivo, si es que aún le queda dignidad. Yo sé quién soy. Tengo la certeza que no todas las veces la muerte y el tiempo transforman la basura en oro puro.

fino.                                                                                      Del libro: Mil Bares.

Música:  Miedo y Canciòn - Diego González.

martes, 1 de noviembre de 2022

El silencio del pensamiento.

 


                  

 

 

Siempre acodado. Atornillado a la punta derecha del mostrador, parado, con las nalgas apenas apoyadas en un banco alto que, mágicamente, sostenía el peso inmenso de su cuerpo cansado.

-Quién este libre de pecado que escupa hacia arriba o tire la primera piedra -le dijo a nadie, al aire mudo que lo rodeaba.

Con ojos nostálgicos y enrojecidos miró hacia la nada, su propia nada, bebiendo con lentitud, saboreando el alcohol como si fuera un manjar mil veces deseado.

-En un momento estás vivo, feliz, al minuto siguiente estás muerto y seco como una hoja de otoño.

Silencio. Solo silencio rodeándolo. A los ruidos de los vasos, cubiertos y platos chocando se los tragaba la distancia que lo separaba de todo, de todos. El bullicio de las conversaciones de los clientes del bar se perdía, no llegaban hasta su planeta, y tampoco le importaba.

-Y lo peor viene después. Son capaces de transformar en dioses, en mártires a misóginos, racistas y déspotas. Peor, trasforman en crack a cualquier hijo de mil puta. 

Apenas hizo un gesto con la cabeza al mover su vaso de lugar, lo corrió cinco centímetros y dejó sobre el mármol blanco un dibujo circular frío y perfecto.

-Yo acá, siempre, en el mismo lugar, al sur de esta patria desterrada, mal hablada y podrida. Pero tengo las manos limpias, secas de sangre y mojadas de sudor. Y eso es lo que me tomo. Manso. Acá. Siempre.

Después de vaciarlo llevó el vaso a su lugar primario, sin dejar el más mínimo rastro de movimiento, arrastre o derrame.

-Morirse, debe ser la solución para mejorar a los ojos de todos ustedes, los sordos. ¡Mozo! Serví la vuelta.

Silencio, solo silencio rodeándolo.

Se acomodó el traje, barrió las arrugas del pantalón con la palma de la mano. Después atacó la corbata, dejando el nudo perfectamente alineado en el centro del cuello de la impecable camisa blanca. El portafolio seguía estático a su costado sobre otro taburete.

-Morirse. Después de algún tiempo de dolor y llanto, seguro llegarán otros amores, otras felicidades. Llegarán otros, otras miserias y desastres. Un día se vuelve a reír, vuelven a darse la oportunidad de seguir viviendo. ¡La calesita hermano, así que no me mientan!

Levantó la mano intentando llamar la atención del mozo para que volviese a servirle. Cruzaron la vista y sin el menor gesto, el empleado detrás del mostrador vestido de un perfecto negro, descolgó del cristalero de bebidas la botella de whisky, también con una etiqueta perfectamente negra.

-¿Quien nos hace creer que ser el uno y con fama de cabotaje trae felicidad? ¿Quien nos llenó la cabeza de que correr una zanahoria de guita puede taparnos el bache? ¡Cuentos de éxito y ganadores! Estamos todos locos. Todos locos y felices por ser absolutamente infelices.

Seguía parado ahí con la punta de las nalgas en la banqueta, apoyado en un punto minúsculo, haciendo contacto con el mundo, con el poder en la boca, sin baterías, sin wifi ni corriente alterna. Todo el poder en la boca, hablándole al aire, al silencio. La soledad le agujereó la vista, se sintió más insignificante que nunca al tiempo que  abría un portal hacia el infierno. Hizo girar el anillo dorado y grueso que estrangulaba su dedo anular. Uno de sus tantos anillos en uno de sus dedos. Antes de abandonarse repitió el gesto hacia el mozo. Y ahí le llegó la única voz, el único ruido de esa noche: el liquido cayendo en una cascada asesina desde el pico de la botella hacia el medidor levemente inclinado, el rebote amarillo al llenarse, el ronroneo de la lluvia derramándose sobre los helados cubos de hielo que ,sin fe, cubrían el fondo de un vaso infinito.  

fino.                                             

Del libro: Mil Bares. 

Música: Voce nao me ensinou a te esquecer - Caetano Veloso.

viernes, 21 de octubre de 2022

Me quedarían bien tus manos.

                                                            


                       

Me quedarían bien tus manos

tapando mis agujeros,

me aliviaría la herida tus ganas de reír,

tus caricias que dan calma

mientras intento dormir.

 

Te quedarían bien mis besos

alguna tarde de otoño

o cuando falte aire,

cuando sople fuerte el viento

cuando mientas por no herir.

 

Me quedarían bien tus brazos

rodeando mi cuerpo frío

cuando la madrugada marque el camino

y sean solo gritos

los que lleguen desde el río.

 

Te quedaría bien mi destierro

masticando infiernos viejos

para dejarte libre, al descubierto

soltando amarras y tiempo,

para que me uses como alimento.


fino.

 Música:

 Como un perro - Luis Alberto Spinetta

miércoles, 28 de septiembre de 2022

Hasta donde sé...

                                                                       


                            

Hasta donde sé

por las venas de tu amor

vago,

como trueno entre hojas de otoño

ya no es necesario despertar.

Quedó desangelado el sueño

de ojos rojos y de rosas

de ojos negros y espinas

de ojos verdes, salados...

voy haciéndome carne.

 

Hasta donde sé

no hay nada diferente,

el vértigo pasó

y descansa en un papel,

en las flores del tiempo.

 

Hasta donde sé

el tono gris sigue sosteniendo la melodía,

en carne viva

quedó la vieja alegría

hasta donde sé…

 

La trampa a los santos

a los susurros oscuros

voy colgado de una estrella.

Te amo y hasta donde sé

ya no es cuestión de fe.

 

fino.                        collage: Lily Gar.

 Música: Still loving you - Scorpions.

 

viernes, 9 de septiembre de 2022

Cuánto Sol.

                                                                     

                                         



-Cuànto sol, cuanta luz -se mintió.

Aunque si, se había terminado la oscuridad y las palabras que la unían a él. Fue tan efímera y frágil la felicidad, tan llena de insignificantes cosas bonitas que, sabía, no valían un solo gramo de su dolor.

-Si amor, deseo descansar de tanto soñar -dijo en voz baja sin que él escuchara.

Pájaros mudos cantaban en el jardín y niños invisibles iban camino al nirvana. Solo le restaba saludar o beber una limonada fría bajo el alero lleno de flores coloridas. Alero y flores que no existían, que jamás existirían y donde el sol nunca se escondería.

Ese era un mural eterno para el punto máximo de alguna felicidad verdadera. Ahora, la despedida y los vestigios de una inmensa mentira. “Para que reescribir tanta basura, mejor sonreír. Adiós” pensó.

Antes de cerrar la puerta y subirse al auto, giró la cabeza y lo miró dormir. La saliva dejó sus labios y cayó sobre la alfombra gastada de ese cuarto de mala muerte. Encendió el motor, salió pisando suave el acelerador sin otra certeza que encontrar la ruta hacia su lejanísima y casi olvidada Montevideo. Miraba por la ventana conduciendo y fumando. Al final de todo, ya no quedaba casi nada, solo vacío y descomposición, el resto sería una historia descarnada que alguna vez alguien escribiría. Se perdió desde el pensamiento mirando la gente que desfilaba a los costados del auto. La anciana envuelta en un saco triste y caro, una pareja adolescente de pantalones rasgados y con los ojos incrustados en los teléfonos, un borracho enroscado en un semáforo esperando que la luz amarilla y el mundo dejaran de temblar.

Autos, bicicletas y motos arremolinándose en la tarde, frente a sus ojos húmedos que se vaciaban en una película muda mil veces vista. Otra vez blanco y negro. Otra vez huyendo sola y sin nada más que la muerte de otra esperanza.

Él dormía.

 fino.

       Collage: Lily Gar.

Música: Depois - Marisa Monte.