viernes, 29 de septiembre de 2023

Enigma.

 

 

¿Me vas a dar las buenas noches?

¿Me vas a decir adiós?

 

Tengo en la boca lo púrpura del tiempo

en las manos la cáscara reseca de tu amor,

en mi cara la mueca estúpida de payaso vencido

y en las piernas telarañas, nidos abandonados.

Tengo más preguntas que respuestas

y la ignorancia de ver pasar el tiempo

sin querer verlo pasar.

 

¿Me vas a decir adiós?

¿Me vas a dar las buenas noches?

 

Aun conservás el gusto de mi piel oxidada

y en los ojos la mustia tristeza de estas palabras.

Tus manos siguen aguantando la distancia

en este juego de azar lleno de puntos ciegos

lleno de puntos y comas,

mientras tu cuerpo esconde los enigmas

las fórmulas sagradas que no supe descifrar.

 

Necesito besarte solo una vez,

únicamente una vez,

una última vez.

¿Me vas a decir adiós?

 

 fino.                      Collage: Lily Gar.

Música: Tempo Perdido - Legiao Urbana.

martes, 19 de septiembre de 2023

Descalzos.

 

                                              


Regreso caminando. Siempre al mismo lugar. La distancia muere cada día bajo mis pies congelados. Descalzo, abrazado a mi interminable condena, las tinieblas y el humo del camino dispersándose en el silencio. Todo me cuesta trabajo, incluso respirar. Caminando lento, regreso al dolor. Lo ven llegar, arrastrando los pies, descalzo, un paso tras otro. Seguro esta pensando en esas cosas, como siempre lo hace. Revive una y otra vez las imágenes. El accidente, seres amados atravesando las ventanas de la camioneta. Lo ven yendo de esquina a esquina por el cantero central. Descalzo, congelado. Le cuesta respirar. Lo ven. Sabemos donde encontrarlo, en la avenida fatal. Todas las huellas confluyen allí. Lógica pura. Sabemos del dolor, de las continuas y filosas lágrimas que desgarran su cara al apagarse las luces de cada tarde. Sus pies descalzos marcando el ritmo lento y doloroso de su respiración. Sabemos. Es imposible cambiar el pasado. Todos se quedaron mirando, perplejos, distantes. Nada de lo que los había unido tenía sentido. El dolor de un duelo eterno, mujer, hija, padres. Todos congelados, enfrentados en un círculo bajo el frío de la bruma. Solo él y sus pies descalzos anclándose al suelo. Cada tarde. Solo él, una conexión real al mundo destrozado en un amasijo de fierros, vidrios, piel y carne ensangrentada. Estaban congelados mirándose a través de ojos vidriados, perplejos, distantes, irrecuperables. Solos. Descalzos.

 

 fino.

Mùsica:  Me equivocarìa otra vez. - Fito & Fitipaldis.

martes, 12 de septiembre de 2023

Valientes.

 

Medir la distancia, las distancias

en tus ojos de antes, en tus ojos ahora,

siempre oscuros

iluminando profundidades interminables

a través del tiempo.

Dos minas de carbón.

Medir en la distancia, desde el origen

semillas

raíces, tallos, hojas

flores y frutos

marchitándose en la valentía necesaria.

Otra vez hacia el origen, hacia la primera vez

mi rostro devorando el tuyo

el tuyo reconstruyendo el mío,

la sangre, la sed

colores ganándole al olvido.

Cómo pasa el tiempo.

Cómo pasa, no se desdibuja.

Son las páginas gastadas de los libros

los discos rayados, incompletos,

las pinturas vencidas,

fotos modeladas con

imágenes semivacías, ya.

Medir la distancia

desde el origen

con la valentía que se necesita

para envejecer.

 

fino.                Collage: Lily Gar.

Música: Se...    - Djavan

martes, 5 de septiembre de 2023

Mientras ella dormía.

 

                                

Las agujas marcaron las cinco y el punto justo en su piel, en su carne prendida fuego. Una brisa repentina movió las cortinas marrones que cubrían la ventana, ese aire fresco de la madrugada se coló por su nariz, casi desprovista de vida, desprovista de sangre. Aplastado en su lado de la cama, vacío de tiempo, su cuerpo corría tras la última oportunidad de anclarse al mundo. Junto con la respiración un fuego eléctrico le atravesó el cerebro y sintió el impulso vital que toda alma en pena tiene como señal, como aviso, en el momento previo a desbarrancarse. El punto justo donde se acelera la caída o se frena en seco. Bato logró frenar y quedo horizontal haciendo equilibrio a milímetros del abismo. A su lado, ella dormía sin soñar que la sombra negra del destino rondaba sobre sus cabezas. En las habitaciones de la casa la soledad, sigilosa, vagaba como un ratero hambriento. A él le llegaron temblores, sacudones epilépticos en todas las terminaciones nerviosas, en la sangre, en las vísceras. Temblores incontrolables que reptaban en él reclamando algo más que la basura que se había incrustado a borbotones. Era un corazón desbocado implorando paz,  reposo. Bato se fue anudando desde la boca hacia la garganta, y la lengua le atravesó el paladar como una daga infestada. La cuchillada química comenzaba su cuenta regresiva. La única salida la tenía el cerebro, que colgaba de la estratósfera a mil millones de kilómetros de distancia. Su cerebro envuelto en colores y estrellas intermitentes, estaba siendo devorado desde sus ojos marrones y se iba apagando mientras escribía en muros invisibles evangelios malditos. Él giraba envuelto en nubes púrpuras y doradas, su cuerpo temblaba y bajaba a las entrañas del infierno, hacía escala en cada uno de los siete cielos, en cada purgatorio, se le atrofiaban los músculos por contracturas demenciales. Fibras, tendones, sangre y oxigeno vencido jugaban la ruleta rusa de las hogueras tardías. Estaba mirando desde arriba el cadáver de los sueños mal paridos, esos que nadie se atreve a mirar. Se tragaba el veneno solitario de una madrugada interminable, estaba lleno de lo que nadie quiere en su jardín. Bato lo absorbía todo con su respiración, que se hacía cada vez más lenta, pausada, pero era un volcán agazapado en el instante previo a la erupción. Se le terminaba el viaje. Las sábanas estaban empapadas. A su lado ella dormía.

Una luz insoportable y blanca explotó bajo sus ojos. El sudor se petrificó sobre su epidermis quemada y una capa de escarcha transparente lo congeló. La garganta se le cerró en un cerco infranqueable hacia la faringe. Un muro gélido y sofocante terminó de rodearlo y se lo devoró centímetro a centímetro. Era un organismo derrumbándose en una bajada implacable, homicida. Una silenciosa ignición, en un segundo el alma de Bato se arqueo separándose de la cama y del mundo. Se escuchó el ruido de cristales es rompiéndose. Se quebraron mil sueños, esperanzas y el fruto del futuro de su sangre. Una lágrima rodó lenta por su mejilla inmóvil. No había lugar a fantasías. Dejó de respirar. Las luces del amanecer atravesaron las cortinas, los fantasmas y los demonios que rodeaban el cuerpo blanco y duro. Blanco y frío. Ella, a su lado, dormía sin soñar.   

fino.

 Música: Un loco en la calesita . Fito Paez.