jueves, 20 de agosto de 2026

Un perro muerto

                               



Mientras gritaba y sostenía en la mano el perro negro muerto, vos te tapabas la cara y llorabas. Parados en la playa alfombrada de rocas y arena, el aire olía a pescado podrido, a tragedia. 

Deje caer el perro por tu pecho, arrastrando toda mi furia y borrachera. Desde lejos los testigos de nuestro casamiento nos miraban preguntando que mierda era lo que estaba mal. 

Dos horas de casados. Tiene que ser un chiste. Luego que el perro cayó a tus pies, hice saltar todos los botones tirando de mi camisa. Vos llorabas con ganas de vomitar por el hedor de la muerte. El perro quedó entre los dos, como lo encontramos, queriendo reventar de podrido nomás. Yo con la cara mojada de sal te gritaba que eso era el amor. El sostener la muerte con las manos, el romperme la ropa, el atravesar el espanto, el demostrar todo mi dolor sin ponerle nombre, sin saber que puta condena estaba comiendo mi cordura. Una fiesta de casamiento no es absolutamente nada. Todos se fueron. Nos abandonaron en lo que debía ser el día más feliz de nuestras vidas. Ellos tampoco sabían que era el amor. Infelices. Traidores. Malditos traidores. Ahora entre las paredes inmaculadas de este hotel, respiramos otro aire. Vos con tu pelo mojado y limpia, seguís llorando cuando se supone que todo ya pasó. No sè que màs hacer, ya te pedí perdón. Podemos pegarlo todo con cinta, podemos hacerlo explotar, podemos irnos del paìs. Podemos esperar que nazca e intentar que todo sea diferente. Te prometo dejo todo, te juro que soy capaz. No llores. Te amo. Aunque no lo parezca. Aunque no lo entiendas. Aunque no pueda demostrarlo. Te amo ¿Què otra cosa puedo hacer? ¿Nos seguimos mintiendo otro poco? ¿Esperamos que ocurra un milagro?

Tu espalda en la pared y mis ojos atravesando el desierto del mediodía más allá de la ventana. El mecánico desencanto de los brazos vacíos después de una noche completamente a oscuras. Lo sabemos, ya no hay tiempo o alguna ilusión que pueda pegar las partes rotas, parece mentira pero es verdad y tan real que asusta. Si contamos los diamantes y arco iris al final del túnel el resultado esquiva la posibilidad y el deseo de salvar algo. Asusta. Ahora, mientras busco en tus ojos, vos hundís las manos en las cortinas, intentas taparte del sol, del silencio, de mi cara de horror y arrepentimiento. Perdimos el último tren, las copas están vacías y la sangre llegó al río, sin histeria ni testigos. Solos en nuestra  última mañana.


fino.


Música: La hija del fletero. Los Redondos.