miércoles, 29 de agosto de 2018

CLARA.


-Tus ojos grandes saben callar, saben de luz en lo oscuro, saben de fe sin fe.
Fernando después de hablar, se dejo caer sobre el mustio sofá en un rincón de la sala.
Vos sabes, estás en todos mis recuerdos –continuó.
-Después seguimos hablando, ahora estoy cansada -se justifico Clara.
-Tarde o temprano hay que dejarlo resuelto -dijo Fernando, retorciéndose los pulgares de ambas manos con movimientos circulares, manos que demostraban el nerviosismo que su rostro no.
Clara bajá la guardia -dijo clavándole una mirada desesperada en la espalda, en el cuello, en lo único que podía ver de ella desde hacía un buen rato - ¿Vas a volver a partir?
El seco sonido de un teléfono vibrando sobre la mesa, cortó la atmósfera densa, la mano morena de la mujer, cayendo casi como una luz, como un flash, se aferró al aparato.
Clara suspiro después de ver número en el visor y reclamó:
-Te pedí que no me llamaras, fui insistente en eso, ¿verdad?
Una voz femenina viajó por el oído hasta la corteza cerebral de Clara.
-¡Me pediste que te llamara a las cinco y media, tía!
-Dije que no me llamaras más –mintió Clara, terminando violentamente la comunicación telefónica.
Las primeras palabras que Fernando había pronunciado se perdieron en el terreno fangoso que la escultural morena había propuesto.
Ahora todo estaba nuevamente en sus manos, y esta vez con todo el terreno a su favor.
Clara giró hacia Fernando, mostró sus dientes brillantes, su rostro perfecto en una amplia sonrisa.
-Las cosas están así. Nunca más seremos como alguna vez fuimos y el amor se perdió en ello.
Fernando como avergonzado por las palabras y la belleza de Clara, bajo la vista al suelo de madera que en franjas gruesas se fugaban hacia otra habitación.
-No podes hablarme así Clara, te busque por todas partes, todos saben de eso.
-Eso es lo que menos importa Fernando, no importa lo que no sucedió.
Importa lo que vivimos y pero eso ya no hay nada que pueda revivirlo. Terminó.
La tarde dejaba de serlo através de la ventana de la sala, en el inmenso jardín caía la noche, como una amenaza y sobre la vida de Fernando se reflejaba lo que el jardín proyectaba.
Desde el comienzo ella sabía lo que iba a pasar, por eso la llamada arreglada, quería escapar, estaba renunciando.
Fernando se tomo la cara con ambas manos, la frondosa barba cana quedo tapada por sus manos crispadas, dejo escapar el nombre de un santo y libró su destino de amor al choque frontal contra el corazón cerrado bajo siete llaves de Clara.
Un gato enorme y negro cruzo frente a las piernas de Fernando por tercera vez en el día y por tercera vez Fernando estaba lo suficientemente perdido en sus pensamientos como para no verlo, para no notarlo.

fino/2017.

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