miércoles, 1 de julio de 2020

Otros pasos.

-Volviste a perder la oportunidad de llevarme a la cama.

Las palabras de Ana rebotaron en el living de la casa semivacía. Marcos miraba por la ventana hacia el jardín que también destilaba soledad. Sabían que algunas cosas nunca cambiarían en la vida de los dos; esta era una de ellas, los desencuentros. Ella necesitaba sacarlo del letargo en el que estaba hundido. Deseaba hacerlo reaccionar. Él sudaba una resaca interminable que lo venía cascoteando impiadosa como a un pecador. En el espejo, que cubría parte de la pared, una silueta dibujada con lápiz labial simulaba otra presencia, y el contorno rojo de un corazón hueco era parte de la ausencia.

-Si todo se solucionara con hacer el amor, la casa no estaría vacía –susurro Marcos al tiempo que exhalaba el humo espeso de un cigarro.

-Tendríamos que intentarlo todo, si es que queremos salir de esta.

-No creo que sea tan fácil Ana.

Marcos despegó su espalda de la pared, se acercó más al ventanal y en un rapto de impotencia pateo el lápiz labial tirado en el piso rompiéndolo contra la pared. Ella suspiró mientas digería el zumbido de la última frase. Ana se fue acercando hacia él, y en cada paso dejaba marcadas las huellas de sus pies descalzos sobre una capa fina de polvo. La ausencia y el olvido también habían dejado marcas en la casa que alguna vez fue blanca.

-Entonces ¿que va a pasar? –preguntó ella intentando encontrar, más allá de la ventana, el punto en que Marcos tenía perdida la mirada.

-No lo sé. Pero es claro que tenemos que dar el salto.

-¿Estás seguro? ¿Eso querés?

-Creo que es lo mejor. No nos queda casi nada.

-Dejas pasar otra oportunidad. Queda en vos, pensalo.

Ana, recogió sus sandalias y mientras caminaba sobre el piso de madera, seguía dejando huellas, rutas y señales. Él lo pensó. No la vio  partir. Se acostó en el suelo y abrió los brazos en cruz  mirando el techo, quedó inmóvil hasta que la luz que entraba desde calle se apagó. Afuera el silencio era insoportable, adentro costaba respirar y Marcos ya no controlaba sus pulsiones. Se levantó para irse y vio el lápiz labial partido. Lo recogió y llevado por el instinto, escribió en el espejo junto a la silueta:

 “No creas que esperar puede solucionar algo.

Mi pobre paciencia murió, sentí el impacto

y la velocidad de la caída.

Si no hay, pocas cosas tienen sentido.

Llorar y llorar para después, si sobra tiempo, reír."

Dejó que la puerta que se cerrará a su espalda. Escuchó el golpe. Una  corriente de aire se metió a la casa vacía y borró de un soplo las huellas que los pies de Ana habían dibujado sobre el piso.


fino.

Julio 2020.

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