martes, 13 de enero de 2026

La Galería.

                                    

Un viaje en la oscuridad y el escalofrío solitario de una línea de luz.

Solo una fina línea de luz dibujada en mitad de la pared. Todo lo demás era oscuro en esa forma de muerte. Abrió los ojos. Estaba boca arriba en el suelo y respirando con dificultad. El piso helado, y la luz clavada en la pared sangraba miedo. El aire circulaba por su cuerpo con lentitud, era un puñal. Aun flotaban en el cuarto los restos de la noche anterior. Su corazón latía en una rítmica línea de fuga, era una música fría, metálica. Estaba perdido en el tiempo y el espacio. Se imaginó en una galería abandonada, fantasmal. Una galería asquerosa, llena de polvo y rejas retorcidas, de pisos mugrientos, pegajosos, inundada de papeles amarillentos y sobres con facturas vencidas. Galería fétida, con olor a combustible quemado, a mierda y orín, con aroma a sexo muerto, a viejo y humedad. La sentía. La respiraba. Intentó mover los dedos y un reflejo nervioso le mintió que lo hacía. Se dejó engañar. Si soy capaz de moverme puedo intentar salir, pensó fingiendo que todo era verdad. La boca reseca le impedía tragar. Solo luz y el aire viciado atrapado en su cuerpo era lo real. Escuchó dos golpes. Dos golpes secos, macizos. No pudo responder. No entendía el antes y ni el después, el si o el no. Volvió a escuchar los golpes, esta vez más lejanos, fugándose en la interminable galería. Una galería como ciudad, con asfalto manchado de vidas pasadas y tristes, de tiempos olvidados, de recuerdos mortecinos. Una ciudad galería de casas vacías, de paredes escritas con sangre y con carbón de cartones quemados. Una ciudad galería para gente muerta, para cadáveres vivos. Estaba flotando en la inmensidad del aquí y ahora. Desesperado se iba metiendo en otro espacio, en otra dimensión. El aire nocivo se espesaba y se dio cuenta que el tiempo avanzaba por la línea en la pared. La luz lenta. Las paredes. Ahí, paralizado el tiempo surgía como un elemento seguro y el nunca había usado reloj. No sabía ni donde estaba, ni cuando, ni qué. El no estaba, no era, no podía cambiar absolutamente nada. Como un reptil intentó moverse y otro reflejo nervioso de su sangre, aun caliente, volvió a engañarlo. Boca arriba, abandonado, condenado a desaparecer, al fin de cuentas la muerte solo vive en los que se quedan, en la galería, en la ciudad. Lo real el tiempo, la raya de luz en la pared y ese limbo que, como una enfermedad somnolienta, lo mantenía flotando en aceite tibio. Sentía que su cuerpo húmedo se iba descomponiendo, desaparecía en medio de la oscuridad. La galería vacía. Su ciudad vacía y el terror de lo invisible en un mundo fragmentado. La pared comenzó a desmoronarse haciendo girar su cuerpo, acercándolo al precipicio. Si salgo de esta no volveré a hacerlo. Sáquenme de esta por favor, rogó esperando que los dioses sordos y lejanos de piedad hicieran el milagro. Se terminaba el aire y tormentas robóticas invadían su cabeza al tiempo que la sangre hirviendo le salía por la boca, los oídos y la nariz. Su brazo izquierdo, puerta del veneno, se contraía hasta desaparecer y las piernas y los ojos y las agujas del reloj. Otra vez los golpes lo anclaron un instante a la tierra. ¿Sabes qué? La puta madre que te re-parió mundo de mierda nunca te creí, gritó sin fe. Mientras, por los rincones de la galería abandonada, una sonrisa macabra y estridente reventaba los pocos vidrios sanos que quedaban.

En la calle la ciudad se apagaba, ella también se quedaba completamente a oscuras.

fino.

Música: Souvenir of China-  Jean-Michel Jarre.




No hay comentarios:

Publicar un comentario