jueves, 27 de marzo de 2025

Ropa Tendida

            

Todo está ahí. La ropa está tendida. Solo espero que los ojos sean los menos y las manos suficientes, que los pastores se dediquen a su rebaño sin la ambición extrema de invadir los patios. El viento mueve la cuerda con nuestros fantasmas y la mugre que no quitó el jabón liquido. Es y sería pretencioso decir que todo se fue con la espuma por el caño. Tampoco la pileta de piedra pudo con el sudor, con el polvo, con la mierda y los orines. Tampoco con la sangre oxidada que encarceló partes de algún tejido. Esperemos hasta la noche, dejemos que las sombras de la tarde acompañen el cadáver de nuestras almas dormidas, dejemos que los últimos rayos del sol entibien las imperfecciones para volvernos a vestir. Mientras los movimientos suaves de las mangas de tu camisa hacen sombra en el pasto, yo pelo algunas papas para preparar la cena. Vos bajas del armario el tarro de la yerba. Hacemos de cuenta que las cuentas están pagas, que el teléfono no vibra sobre la mesa y que los perros no están ladrando en la calle. Apagamos las alarmas del mundo que sale por la tele, ese que desparrama guerras, el de los avisos falsos de bomba que circulan por las panaderías y universidades. Ahora vos ponés a calentar agua mientras yo trato de dejar las cáscaras sin ningún rastro de papa. Estamos solos en la casa. Nuestros niños ya no lo son, aunque nos engañemos en no verlo, nada más triste que la realidad arrugándonos la cara, pero vale cualquier muerte la felicidad de sentirlos niños y a salvo. 

La caldera silva, el mate se hincha en la espera y la gata nos mira pidiendo su parte del día. Todo está ahí. Vos me acaricias el pelo al pasar rumbo al cuarto, yo descarto mis partes podridas, tiene más valor más un roce de tus dedos que todas arcas perdidas. Volvés y te sentás a mi lado, dejamos de hacer lo que hacíamos para tomar unos mates en silencio o a los gritos de los ojos incrustados en los ojos. El tiempo también se llevo las palabras al pedo y nos dejó como regalo un buen entendedor de pocas palabras. Te miro mientras se hunden tus mejillas llenándote la garganta de agua tibia, me miras preguntándome si las papas alcanzan, te respondo que si, que nos va a salir tremenda tortilla. Vos te reís al pasarme el mate, yo te acaricio la mano robándote un poco de la luz de tus ojos verdes. La gata se sube a la mesa, maúlla exigiendo que no la dejemos sin la fiesta de rascarle el lomo. Es otra fiesta. Cae la tarde, se apaga el cielo naranja. Llegaron los mensajes, los niños están bien. Pasan los minutos imparables dando vueltas en el reloj colgado de la pared, el hace su rutina y otra grieta minúscula se incrusta en mi cara. 

La tuya sigue hermosa. Todo está ahí. La ropa está tendida.

fino.

Música: 

Nada vai mudar isso - Cassia Eller


sábado, 22 de marzo de 2025

El Punto Ciego

               

¡Que hija de puta! dijo en voz baja.    Marga cerró el libro y tardó unos segundos en sacarle los ojos de encima. Levantó la vista atravesando el ventanal y se hundió el monte de pinos que copaba el horizonte más allá de los vidrios. Pudo darse cuenta que lloraba cuando las grietas tibias llegaron al mentón. Después la humedad, la niebla en los ojos, la ceguera acuosa desbordando y muriendo en el lado izquierdo de su pecho. Se sacó los lentes y los dejo sobre la mesa junto al sillón en el que estaba sentada. Se llevo las manos a la cara y con la punta de los dedos frotó sus ojos intentando detener la lluvia. Afuera brillaba el sol. Fueron apenas unos minutos. Fueron apenas unos minutos en los que perdió el dominio del alma y a pesar de eso se sentía feliz ¡Que hija de puta! repitió entre dientes mientras pensaba en la última frase que había leído. Pero sabía que no era solo esa frase, había estado toda la novela pensando cosas parecidas, diciendo cosas parecidas. Era de esos momentos que se dan muy pocas veces. Ella lo sabía. Vincular llanto y felicidad, dolor y alegría, fuego y parálisis flotando sobre un mar de símbolos y espacios donde la mente estalla al traducir. No quería pensar, pero un sismo la llevaba a eso. Respiró profundo, colgó la vista en la punta de los pinos dónde viven la mayoría de las brujas y sus escobas. Necesitaba un trago. Un trago de rencuentro y despedida, un trago de festejo. Se levantó sin apoyarse en los brazos del sillón, sintió la calidez de la alfombra amortiguando sus pies descalzos. Caminó hasta el mueble de las bebidas. Eligió un vino tinto. Ahí comenzó la ceremonia, el ritual pagano de abrir la botella hasta que por fin la copa quedó servida. Miró de reojo la cubierta del libro que aun latía sobre la mesa. El cadáver aun estaba caliente. Volvió al sillón y se dejó abrazar, con la mano izquierda sostenía la copa, con la derecha acariciaba la tapa de la novela. Después de vaciar la copa el cadáver del impacto inicial viajaba anestesiado en su torrente sanguíneo, los paisajes, los sabores de la lectura se iban modificando poco a poco, lo que no lograba evitar era el gusto amargo de haber llegado al final. El sudor se secó en su piel transformando el calor en armadura ¿Qué había sido todo eso? ¿Era posible? Si. Era posible.  Escucho pasos en la escalera. Comprendió que alguien subía. No quería hablar ni ver a nadie. Apretó los labios, cerró fuerte los ojos y deseó con todas sus fuerzas que la puerta no se abriera. Y si eso pasaba que al menos sucediera algo como en aquel cuento del sillón, el libro, el parque y el asesino llegando por la espalda. La puerta no se abrió. Volvió a escuchar los pasos, esta vez escaleras abajo. Suspiró. La botella estaba lejos, quería otra copa pero el deseo no se iba a cumplir si no lograba moverse. Malditos santos, solo sirven para muy pocas cosas pensó mientras apoyaba la copa sobre el libro. Un rayo de sol atravesó el cristal y pintó un arco iris sobre la tapa azul. El titulo de la novela se llenó de colores. Una sonrisa irónica se dibujó en el rostro de Marga. ¡Puta madre! ¿Será que todo va a ser así? se dijo sin perder la sonrisa. Ella no era de insultar, pero las palabras le llegaban a la boca como una erupción volcánica, eran los efectos de la lectura, sin ningún lugar a dudas. Estaba inmersa en una mezcla de gloria y revelación. La luz, el arco iris, los pinos, eso siempre estaría, pero el éxtasis no. Este era el momento. Este era ese momento. Marga sangraba sin morir, solo sangraba, nacía una y otra vez. La copa en su mano se volvió a llenar. Ella podría haber escrito ese libro, le pertenecía la historia, eran sus peces nadando en la idea. Otro trago y el ensueño, los rayos del sol y la tibia caricia sobre su cuerpo, el sillón atrapándola en una bruma placida de tinta cayendo sobre sus hombros. Ella se reconocía en el eco de los pasos en la escalera. Se reconocía.  Marga flotando ¿Que era todo eso? ¿Era posible? La botella rodó hasta sus pies, la apretó bajo el pie derecho, sintió el frío del vidrio, el calor del tajo, el dolor del filo. Ella lo había leído. El sillón tragó su cuerpo y la hundió en la espesura de unas noches atrás. Luego llegó el viento que las brujas producían al volar sobre su cabeza, el martirio de las sombras y las arcadas del vino agrio. Los golpes de las letras en la cara perforándole la piel y el hueco en la boca llena de asombro infinito, interminable. Aire. Le faltaba aire en su ataúd de tela y espuma. Estaba escrito. Ella lo había leído. Ruinas, el final del tiempo, el monte de pinos y el aroma a la tinta caliente de una novela destruida. Un crepúsculo difuso crecía dentro de la habitación y terminaba con todo el aire. Aparecieron las nauseas, los ojos fríos y el polvo del tiempo encapsulado. Las cosas que había vivido estaban en el papel, solo en el papel. Y todo terminó tras un borrón de luz y espanto. Luego la paz, el confort del cuerpo incrustado en el sillón. El libro sobre el pecho, los lentes en el suelo. La botella y una copa vacía en el alféizar de la ventana. Las brujas en los pinos.           El punto ciego.

fino.     Collage: Lily Gar.

Música: Ben que se quiz - Marisa Monte.

sábado, 1 de marzo de 2025

Arcaico



Estranguló las palabras antes de decirlas. 

Las rodeo de miseria, cobardía y amor propio y las fue apretando entre la laringe y la lengua. 

Ahí mismo las asesino. Sin levantar la vista para mirarla a los ojos acomodó algunas ideas que volaban sobre su cabeza para ganar tiempo. 

Sabía que nada cambiaría absolutamente nada. Ella resistió el frío y el silencio por unos minutos y lo dejó sentado en el banco de la plaza vacía y en penumbras. 

Cuando calculó que ella ya se había perdido en la distancia el vomitó el ciclón ácido que de golpe le mandó el estómago. Desparramadas entre sus pies, en el suelo, quedaron las frases como un puzzle listo para rearmar. Levantó los ojos llenos de lágrimas y los clavó en la estrella más lejana del cielo. 

Asumió su cobardía.

Muchas veces le era difícil decir lo siento. Estructuras, mandatos, murallas e ignorancia fueron más poderosos que el amor. Si se hubiese dado cuenta dos horas antes de lo que ahora le estaba pasando, otro sería el destino.

Estupidez.

Solo estupidez, pudo decir en voz alta mientras la estrella le calcinaba los ojos.

fino.

Música: Pra onde voce vai - Lobao.

jueves, 23 de enero de 2025

Un viaje a través de la noche

                 

 

Voy en un viaje a través de la noche sin mis medias blancas aguantando el frío que nace desde el piso. Necesito atravesar de una vez el vendaval de sus mentiras. Necesito un trago de cualquier bebida maldita. Eso ayudaría. Necesito el gusto ácido mal oliente del alcohol. Necesito llegar hasta el fin de la noche, la de hoy o la eterna.

Sus manos ya no me importan, dejaron de moldear cada rincón de mi cuerpo. Bastó una sola palabra de sus mil palabras. Una palabra. Ya no quiero más. Estoy cansada de la misma miseria repetida hasta el aburrimiento, harta de las huellas incrustadas en la calle por las que pase centenares de veces, que repetí centenares veces. Es que me llevó hasta el cielo y me dejó caer sin paracaídas. Mis entrañas, mis ovarios, mis pechos ya no quieren su calor, no desean su calor. Estoy fuera de su tela de araña, de sus dudas que no me pertenecen. Por suerte ya no me pertenecen. Dejo de hacerme cargo.

Me llamo Aby. Hoy puedo ver dentro de mi y soy tan efímera como el aroma que despide la Dama de la Noche, como la bruma que flota sobre el mar antes de llegar al puerto. Soy un cuerpo luminoso que escapa del radar. Me llamo Aby. Volví a ser Aby. Me aburren las cosas de siempre, los encuentros formales de pares e impares, las fiestas inundadas de las mejores teorías anti-todo, me aburren esos desvelos. Renacieron mis colmillos. Se habían desafilado, se habían gastado contra su cuerpo inmenso. Ahora volvieron las ansias, renació mi loba en piel de cordero, tengo los ojos inyectados en sangre y los pulmones repletos de respirarlo todo. Estoy vacía de máscaras y con las uñas despintadas. Me vestí con las ropas que encontré en el suelo de mi cuarto recién iluminado. Ahora, desde aquí, veo el horizonte y el sol muriendo detrás de los árboles. Los aviones pasan mudos interrumpiendo la belleza de las nubes. Respiro el aroma a humo que dejé en el baño. Prendí fuego la papelera con todos los mándalas, los atrapa sueños y las fotos. También deje que se ahogara en el inodoro el teléfono maldito que marcaba el ritmo de mi vida. Ese que hacía de mi incontinencia la única verdad posible, ese que trancaba las ideas entre los dedos. Voy a dar pasos sin necesidad de esperar respuesta. Voy a dar pasos sin esperar ese ruidito de mierda que hacía latir mi corazón. Volví a ser Aby.

Desde acá veo el horizonte, veo las nubes. El humo que sale de mi casa alivia el peso de mis hombros. ¿Cuánto veneno es capaz de consumir un cuerpo enfermo, un corazón agrietado, unos ojos ciegos? 

Adoro verme así. Matando el aburrimiento de la sumisión y el engaño disfrazado de amor. Voy a asesinar su fantasma con la soga del adiós. Prenderé fuego sobre el fuego, sobre el hielo, sobre el agua, sobre el horizonte y sobre sus pobres palabras. 

Adoro verme así, aniquilando los dolores que alguna vez elegí, que alguna vez mordí hasta quedarme sin colmillos. Es una luz toda esta libertad en mis manos que ya no están crispadas. Es largo el sorbo y larga la noche. Es una luz estar a merced del viento tibio de mi propio abrazo sin tener los nervios al rojo vivo.

Que suerte poder maldecir y no llorar. Soy Aby, voy llegando al fin de la noche. Descalza.

fino.

Música: Hoje Eu quero sair so- Lennine.



jueves, 16 de enero de 2025

Mil Bares

 


Ofrecer





Ofrecerte mi tiempo y mi vida 

que como el aire se contamina.

El amor tiene ese efecto

al igual que la fe,

en fin

ofrecerte mi ausencia o mi tiempo 

como trampa. 

Ofrecerte paz

sabiendo que eso es imposible

que es una solución pensada mal y tarde

pero los pecados hay que pagarlos

aunque se demore en el tiempo...

hay que pagarlos. 

El nuestro fue no esperarnos. 

Ahora solo se puede ofrecer.

Estoy esperando que digas algo

sabes que no solo es abrir la boca 

o el lápiz.

Se puede seguir

se puede ignorar

pero la cuenta esta congelada sobre nuestras cabezas

en la columna de lo pendiente. 

Y es que la sed de los cuerpos,

de los insomnios,

de los calores en el pecho,

son señales de la falta de saldo.

Ofrecerte.

Ofrecer.


fino.

foto: Yula - extraída de YouTube.

Música: Love of mi life - Queen

jueves, 9 de enero de 2025

Cuadros sin dueño.

       


Lisérgico, casi animal. Afiebrado flotaba sobre su cuerpo en la neblina, ahí dibujaba descontrolado perforando lo que quedaba de luz.

La tela húmeda transpiraba piedad y dolor, los colores brillantes patinaban en el torbellino encapsulado del lienzo, en los bordes de un maldito dos por dos. Bocas, pájaros, siluetas y algas marinas, ojos dentro de ojos, caras incrustadas en perfiles, rostros buscando en otros rostros. Si, había dolor y otras mil cosas que no tenían nombre. Había razones y la secreta esperanza de que alguien no moriría. ¿Se entenderá?

Las manos manchadas de pintura, los nudillos negros de carbonilla y pensamientos. Vaciaba la vida en trazos marcados con sangre en las agujas del tiempo. El tiempo que también se terminaba, como los lugares en blanco. La viola ahí, por los rincones, desgranaba unas notas ásperas, las dejaba colgadas en el aire. Los cristales reflejaban todo cuanto se cruzaba en el camino, lo invisible, lo mágico y profano. Respiró profundo parado frente a los trazos, disolvió los últimos jugos del pincel en un vaso con agua negra de tanto color. Gris, agua negra-gris. Gris. Dejó el pincel cansado sobre el filo de la mesa. Se alejo algunos pasos hacia atrás intentando ver mejor. Tomó distancia en la distancia y en un trapo sucio terminó de comer de sus manos de todo lo que quedaba. 

Estaba cansado. Otra canción, blanca y azul. 

Resultaba difícil pero intentó desconectarse de la radiación atronadora de ese imán que lo había sujetado horas y horas. Encendió una vela y busco refugio en el balcón que daba hacia el parque. La tarde moribunda se perdía detrás de la montaña plana del horizonte. Algunas cosas no cambiarían jamás mientras ella estuviese lejos. Y el sabía que ella no volvería. Tal vez masticando restos de tela blanca pudiera atenuar la puntada en el pecho. Tal vez. Se fue apagando el fuego de la vela y la soledad mecánica de la calle. A su espalda el silencio del cuadro. El disco había terminado. Clik.


Una fuerza misteriosa la obligaba a moverse, a empujar desde los hombros y buscar en la fragilidad de sus pies un ciego punto de apoyo. Lo espeso de su espacio le marcaba el contorno y la simetría inventada en una ceguera acuosa. La razón de la sinrazón, la certeza en la necesidad desconocida al respirar. Y la cabeza rotando en las paredes flácidas y elásticas de un camino ignorado. El sur, el espacio infinito abriéndose en convulsiones tempestuosas. Deseos. 

Gris, agua negra-gris. Luego de un breve remanso desgarró el músculo que la separaba del caos vital de la creación. Exhaló vomitando una sonrisa espesa y rompió el silencio de la tarde con su llanto. Click. Click. Click.

Miles de colores centellando, fundiéndose en un recuadro perpetuo que se movía a toda velocidad bajo sus párpados hinchados, violetas. Click.

Creyó que todo terminaba ahí sin saber que solo era el comienzo. Aire gris, aire negro-gris. Los latidos blandos, libres, fueron tiñéndola de otro color. La música estruendosa que salía de su boca paró. La música que oía paró y no volvería a pintar nunca más. Click.

Dos cuadros idénticos, nacidos uno del otro, del aire del otro, del dolor, del adiós, del amor del otro. Colores y deseos penetrando en la imagen de un nuevo vuelo. Latidos en siete buscando, desesperadamente, con la boca algo que no fuese sacrificio y dolor. Entre esos dos mundos solo un disco cambiando de surco. Click.

fino.

Música:

Nos veremos otra vez. Seru Giran

lunes, 23 de diciembre de 2024

Sale El Sol

 

Desde donde estoy parado puedo ver el mar pegado al horizonte.

Es un piso once y salvo por un edificio que rompe las bolas metiéndose en la imagen la vista es casi perfecta. Estoy a dos cuadras de la rambla. A dos cuadras del Río como Mar. Desde aquí cada mañana podría sacar fotografías hermosas cuando el sol despierta y se levanta del sueño oscuro de cada día. Mientras bebo pequeños sorbos de un té hirviendo, pienso que esta vista y este momento serían perfectos si no estuviese esperando ansioso el momento de irme a casa. Pero que la vista es casi perfecta nadie lo puede negar, ni yo.

Son cerca de las cinco de la mañana y mientras la claridad lenta empieza a aniquilar lo que falta de la noche, pienso que el mar me gusta muchísimo más desde la orilla, desde mis pies mojados por el agua salada y la arena húmeda. El mar es el mar y ni el machacante teclado Vox Continental de Manzarek, que suena de fondo mientras tomo el té parado frente al ventanal, puede sacármelo de la cabeza. El mar es el mar.

El sol está por asomar desde el agua y la luz que desparrama hacia el cielo tiñe el horizonte. Es indescriptible la cantidad de colores y texturas que se incrustan violentas entre las nubes. Imposible de describir, al menos yo soy incapaz de hacerlo. Ahora suena Hendrix y hace justicia a lo que veo.

Hay momentos en que hay que creer en los dioses o en los mensajes que nos suelta el universo. Creer o reventar. Crear o reventar. No puedo despegar los ojos de lo que se produce allá en la distancia, en la cercanía, en mi cuerpo y corazón.

¿Cuánta gente estará despierta mirando algo similar a lo que yo veo ahora? ¿Cuántos desde la arena? ¿Desde cuatro paredes? ¿Cuántos desde un cerro? ¿Cuántas? ¿Cuántos?

Si existiese una manera tangible de conectar y medir la energía que produce esta visión en las personas que lo ven en este preciso instante tal vez se pudiera cambiar alguna cosa de este mundo que camina rumbo al precipicio.

Yo terminé el té y el sol de romper la coraza de agua y misticismo.

Es él quien nos aplaude ahora y se encamina a despertar al resto de los seres en esta parte del planeta.

A mi ya me besó los labios y puedo dejarme de joder con la poesía estúpida y el romanticismo hipócrita. A la mierda con la salida del sol.

Tengo que terminar de trabajar para poder irme a casa.

fino. 

Música: Sale el sol - Martin Buscaglia

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Làstima...

 

 


 

Algunas lunas cuelgan del cielo

otras beben de botellas vacías.

Mi corazón cerca de perderse en una melodía

late

demuestra que todavía late.

Lástima que no estás,

suerte que no estás

tengo pocas cosas para date,

suerte que no estás.

Camuflado en la corriente viajo y espero

ya sabes cariño que nuestras fichas alfombran el paño,

nos quedaron las cruces

las luciérnagas y el ocaso,

todo ahí

sobre la mesa.

Respirar no es tan sencillo

los bosques están descontrolados

y el mar al rojo vivo.

Lástima que no estás,

las cartas se perdieron en el tiempo

que, desesperado te esconde de mi,

suerte que no estás.

Nos queda perforar la costra

el límite, la traición,

lástima que no estás

cuando alguna luna cuelga del cielo

y se escapa de mi boca

la única palabra que no sabe su dolor.

Suerte que no estás

mi corazón esta cerca de perderse en una melodía

en mundos enteros

en voces apagadas.

 

fino.               Collage: Lily Gar.

 Música: 

Cielo Hermético - Fito & Fitipaldis.

miércoles, 30 de octubre de 2024

Con suerte, la noche...

 

                                                      

Duerme sin cerrar los ojos, cubierta de nylon sobre cartones o en cualquier colchón destripado. Sobre inmundicias. Duerme y despierta con los dientes apretados, con los puños crispados, bajo pretiles, árboles, arbustos o cielos pelados.
Le da lo mismo pero abunda en su bruma la palabra infestada, el vacío legal de la completa estupidez. Más desechos que cruz y así es imposible no rendirse bajo el peso muerto de los días, del paso de las tempestades, de las repeticiones incansables del viento. Ella es lluvia, hambre, calor sin esperanzas a la vista. Tiene todo el tiempo del mundo, quizás no sea suficiente caminar ni sentarse a esperar la mano indiferente de la ceguera. Es invisible como el viento. A lo lejos siempre esta la luz y el poder insoportable de quienes hacen todo lo posible por restarla, pero ella está, duele y taladra en los ojos. Está.
El papel picado son balas cayendo y las luces del centro son mentiras desfloradas, mientas ella come sangre coagulada sentada sobre pan duro. La parte dulce le llega en las noches cuando despierta nadando en cualquier vino áspero y triangular, ese brebaje mal sano de aceite rancio y agua inmoral. La parte dulce llega en la noche, cuando mueren los pasos, cuando las miradas hacia los costados y sus uñas dejan de graffitear la calle travestida. Fratricida. Desechos. Más desechos que amor. No tiene de qué redimirse, no hay aliento seco ni cubos helados, solo algún filo incrustado en el bajo vientre, en la piel reseca del olvido. Sus recuerdos del pasado entran en un puño cerrado, en cuatro líneas escritas sin faltas de ortografía.
Ella va desapareciendo para retornar alguna que otra vez en el vuelo que da el alcohol durante un instante triste. Desaparecer y volver en cuenta gotas. Bella pero destruida, borrándose de a poco y para siempre. Sus restos están desparramados en fotos oscuras, lejanas. Nada más. Esa noche, recostada bajo la luna, mirando un punto perdido en su horizonte, sin pensar demasiado y naturalmente, hablo hacia la oscuridad. Finalmente invisible.
-Maldita bebida –dijo susurrando -vos me salvaste. Quiero matarme en  tus brazos tentáculos, tibios, ásperos, esos que me sacan del espacio. Me trajiste hasta acá y tengo tus besos marcados en la carne. Tu mierda me saca el hambre, me da carretera, trenes y barcos. ¿Comiste del muerto o solo de sus flores? ¿Sabes para qué sirve el hilo? Para que me muera sin sufrir –se respondió.
Con suerte llegaría la noche. Con mucha suerte.

fino.

Música:

 Lanterna dos Afogados - Paralamas

lunes, 16 de septiembre de 2024

Otra Vuelta.

 

                          


 

El sol es una brasa.

Está cayendo la tarde y esa luz-láser va taladrándolo todo.

Mi asco se lava con gotas de impaciencia que caen y susurran sobre las grietas de la calle que también están al rojo vivo.

Sed. Muero de sed y me clavo de cabeza en la primera puerta abierta que acabará apagando mi incendio.

Entro. Camino a esconderme en un rincón, lejos de todos. Lejos de los ruidos de platos y vasos chocando. Me alejo de todos con los auriculares incrustados a puro tornillo de rock and roll. Dispuesto a sacarle callos al codo, tengo puesta mi corona de espinas. Espinas de las otras, de las que llevan al infierno. No hay padre ni abandono, ni espíritu santo, hay deseo profano, tumbas intocables en cada beso que le doy al vaso. Mantengo inalterable el sistema de enojos y reconciliaciones, en el más puro de los silencios a pesar de las bocas apagadas que me rodean. Yo dentro de yo, reviviendo el engranaje del amor, del sol que viste y la luna que desnuda.

Elijo poner en el Ipod un disco de principio a fin, algo que hilvane la historia, un todo, una idea más inmensa que puntual. Finalmente comprendo que ella se fue. Que no hay deudas ni “el viejo truco de andar por las sombras”. Finalmente ella se fue. La loba solitaria y egoísta a la fuerza.

La vi partir como llegar, con los ojos desbocados, esa criatura indomable en un mundo que arde y arderá. La música sigue mutando entre augurios, alegrías y destinos cruzados.

El mundo arde y arderá.

Soy un kamikaze con un teléfono en la mano, un fundamentalista estúpido, leproso y abierto, un perturbador de avisperos tortuosos. Un manipulador de recuerdos borrosos, sumándole arrugas a la suerte, a la muerte. Abro la boca. Mozo sirva otra vuelta.

 

fino -  Música: Esperando Nacer - Serú Girán

foto: Agus Sosa

jueves, 8 de agosto de 2024

Guitarra.

 

      

Pesa tu guitarra, te esta buscando

confiesa años de infierno y delirio,

busca

llora entre las tumbas

entre hogueras y caminos,

en los torbellinos del río.

 

Pesa tu guitarra,

ríe descontrolada

baña de luz las pesadillas,

y las tormentas desalmadas.

 

Nuestro idioma

gime en tu guitarra,

canta

y sopla en la herida.

Va temblando en tus manos

la guitarra,

dispara semillas

adorna lienzos húmedos

colores, bastidores  y melodías.

 

Canta tu guitarra,

nos hace hermanos, amigos

y me hiela la sangre,

adora y salva

tu guitarra

entibiando el corazón y la vida.

cuando besa tu guitarra.

 

fino.

 

Música: No hay receta – Claudio Taddei             Foto: Matina C.

 


                             

lunes, 5 de agosto de 2024

La Venus del Nilo.

                                                                     

 Deja de mirarme las tetas ¿Estás de vivo? No seas mala ¿de donde sacaste que estoy mirando  tus tetas? De tu cara de infeliz sorete, no me sacas los ojos de arriba la putísima madre que te parió. Anda tarada ¿quién te crees que sos? ¿La Venus "del Nilo"? Y sonó el cachetazo como una sentencia fulminante. Ella con el rostro colorado de rabia. El con la cara marcada por el sopapo. Siguió la patada a los huevos, el mochilazo en la nuca y la corrida calle abajo, escapando de una posible respuesta violenta si es que el tipo se podía levantar.

Pero no. Quedó arrodillado en la vereda, agarrándose las bolas con las dos manos y chorreando una baba blanca espesa como un perro rabioso. Lucía corría sin mirar atrás. Estaba enceguecida, cargada de furia y de aire en los pulmones. Doblo en la segunda esquina y cambió de rumbo. Buscó un sitio seguro con la vista a toda velocidad. Ahí, una cafetería de luces tenues con aroma a tarta recién horneada. Entró sin bajar la velocidad de los fuelles. Se sentó en el lugar más alejado de la puerta, de frente a la calle. Con los ojos desorbitados buscaba la silueta del infeliz por el paisaje recortado que se veía hacia afuera del local. Nada. Veía caras que no eran esa cara que tenía grabada a fuego en el cerebro. Estúpido de mierda. Lacra humana. Harta. Me tienen harta los imbéciles como ese. Carajo. Respiró profundo intentando controlar la arritmia. Dejó la mochila a un costado sobre una silla vacía. Apoyo las manos sobre la mesa, apoyo la cabeza sobre las manos. Se prometió no llorar. No llorar más. Hizo fuerza. Aguantó. Esta vez aguantó. Recién ahí pudo calmarse y escuchar la música de fondo que sonaba en la cafetería. Era su canción favorita, la que venía escuchando una y otra vez en los últimos cinco meses. La música que le recordaba el verano cuando fue pájaro, cuando se sintió más hermosa y libre que ahora. Esa música que la conectó en su propia música ¿Que loco no? pensó al tiempo que levantaba la cabeza buscando componer su estructura y centro de gravedad. Escuchó el último acorde. Volvió a sentir la paz que esa melodía le producía.

Fue hasta el mostrador, pidió un café grande y cargado y un pedazo de tarta de manzana con exceso de canela. Llegó a la mesa con ganas de estar mejor, con la ilusión de regresar al instante anterior, justo antes de darse de cara con la violencia. Carajo el día había comenzado tan bien ¿que necesidad? Después de beber un sorbo largo del café, percibió a su lado por el rabillo del ojo una sombra.

El corazón le dio vuelco, un salto de ansiedad. Miró. Lo miró fijo a los ojos. No. No era él. Era otro. Discúlpame te vi entrar a toda velocidad ¿Estás bien? ¿Te sentís bien? Si. Gracias. ¿Puedo ayudarte en algo? No. Gracias. Mira que está todo bien. No, gracias, necesito estar sola. Como quieras, pero realmente me parece que te hace falta compañía. ¿Te parece? ¿Y sabes lo que te falta a vos galán? No bella ¿Qué me falta? Una buena patada en las bolas.

 

fino.                                    Foto: Patti Smith

Música: Fan de Faith No More - Socio

jueves, 1 de agosto de 2024

Sonido.

 

                                                                     


 

El aleteo de los Dragones. Descorchar un vino tinto. El filo en la viola de Skay. El sonido del arroyo escondido en la espesura. Tus labios chocando en los míos. El fuelle mecánico de un respirador. El clic de la llave destrabando la puerta. La chapita dejando el pico de una cerveza fría. Las ruedas del avión al tocar la pista. Una pelota deslizándose en la red. El canto del gallo.

Una costilla sobre el sartén. Un solo de Gilmour. La ola chocando en la roca. El crepitar del fuego. La púa sobre el disco. El mar lamiendo la orilla. La maldición de las bombas. Un flipper dando juego. La frenada antes de la cebra. Una clarinada. La cortina metálica bajando. Una bola girando en la olla maldita. El murmullo en las iglesias. Chico Repique Piano. La reja cerrándose en la espalda.

El estallido del pop. Lluvia cayendo en las chapas. El clak de las llaves de la luz. El despertador. La medida llorando. Má. Pá. Amor. Aprobado. Bingo. La carbonilla en el lienzo. Dar vuelta una página. Un pino cayendo. La proa cortando el agua. Los dientes incrustandose en el pan crocante. La Música (dije Música). Tu voz. Los cascos del caballo sobre la tierra mojada. La explosión de la tormenta. El tajo del rayo en el cielo. Respirar.

El click de la cámara. El llanto. La risa. El final de un mate. El viento cruzando el monte. Un motor a lo lejos en la carretera oscura. El zumbido de la mosca en la tela de araña. Un émbolo incrustando piedad. El ronroneo del gato sobre tu pecho. Mis hijos succionando tus pechos. Los hielos cayendo en el vaso. El agua en la garganta con sed. Alas batiendo el aire. La pala en la fosa. Nuestro Silencio. El silencio. Sssssshhhhhh.

 

fino.                       Pintura: Claudio Taddei.

Música:  Olho Calmo - Pitty.

viernes, 26 de julio de 2024

Alguna Oscuridad.

Parado en alguna oscuridad.

Las huellas, los olores, las patas de la sota y mi ignorancia en tu silencio.

Seguramente estoy atrapado en la maraña de las cosas que no se pueden desatar, te juro que hay momentos en que no lo entiendo. Pues una palabra, una señal estúpida y tardía bastaría para calmar la sed. 

Lo peor es el silencio,

esa herida desangrándose profunda en la carne,

ese golpeteo de olas intranquilas socavando la espera,

que no termina,

que es infinita.

Sé que no tengo derecho, sé que no tengo razón, pero un guiño parco y tenue después del tiempo inerte llenaría otra vez el vaso.

Faltan algunos instantes todavía, algunas palabras que no dijimos, falta algo que sacuda nuestro tedio, nuestras ganas de seguir.

Falta eso que no hablamos. S O S.

Todo se destruye en mis manos mutiladas,

en mi piel cansada.

Navego en los mares que no tengo.

Navego en los mares de algún cuento.

La ventana.

Mi cara partida.

Los ojos perdidos en la nada,

en la nada de nada.

Nuestros cuerpos

no saben regresar.

Parada en cualquier oscuridad

 

fino.                                  Collage: Lily Gar.

Música: Certas Coisas - Lulu Santos.