Todo está ahí. La ropa está tendida. Solo espero que los ojos sean los menos y las manos suficientes, que los pastores se dediquen a su rebaño sin la ambición extrema de invadir los patios. El viento mueve la cuerda con nuestros fantasmas y la mugre que no quitó el jabón liquido. Es y sería pretencioso decir que todo se fue con la espuma por el caño. Tampoco la pileta de piedra pudo con el sudor, con el polvo, con la mierda y los orines. Tampoco con la sangre oxidada que encarceló partes de algún tejido. Esperemos hasta la noche, dejemos que las sombras de la tarde acompañen el cadáver de nuestras almas dormidas, dejemos que los últimos rayos del sol entibien las imperfecciones para volvernos a vestir. Mientras los movimientos suaves de las mangas de tu camisa hacen sombra en el pasto, yo pelo algunas papas para preparar la cena. Vos bajas del armario el tarro de la yerba. Hacemos de cuenta que las cuentas están pagas, que el teléfono no vibra sobre la mesa y que los perros no están ladrando en la calle. Apagamos las alarmas del mundo que sale por la tele, ese que desparrama guerras, el de los avisos falsos de bomba que circulan por las panaderías y universidades. Ahora vos ponés a calentar agua mientras yo trato de dejar las cáscaras sin ningún rastro de papa. Estamos solos en la casa. Nuestros niños ya no lo son, aunque nos engañemos en no verlo, nada más triste que la realidad arrugándonos la cara, pero vale cualquier muerte la felicidad de sentirlos niños y a salvo.
La caldera silva, el mate se hincha en la espera y la gata nos mira pidiendo su parte del día. Todo está ahí. Vos me acaricias el pelo al pasar rumbo al cuarto, yo descarto mis partes podridas, tiene más valor más un roce de tus dedos que todas arcas perdidas. Volvés y te sentás a mi lado, dejamos de hacer lo que hacíamos para tomar unos mates en silencio o a los gritos de los ojos incrustados en los ojos. El tiempo también se llevo las palabras al pedo y nos dejó como regalo un buen entendedor de pocas palabras. Te miro mientras se hunden tus mejillas llenándote la garganta de agua tibia, me miras preguntándome si las papas alcanzan, te respondo que si, que nos va a salir tremenda tortilla. Vos te reís al pasarme el mate, yo te acaricio la mano robándote un poco de la luz de tus ojos verdes. La gata se sube a la mesa, maúlla exigiendo que no la dejemos sin la fiesta de rascarle el lomo. Es otra fiesta. Cae la tarde, se apaga el cielo naranja. Llegaron los mensajes, los niños están bien. Pasan los minutos imparables dando vueltas en el reloj colgado de la pared, el hace su rutina y otra grieta minúscula se incrusta en mi cara.
La tuya sigue hermosa. Todo está ahí. La ropa está tendida.
fino.
Música:
Nada vai mudar isso - Cassia Eller