miércoles, 27 de enero de 2021

Otros relatos. by Mariella Delfino.

                                                                          



 

https://issuu.com/mmblue/docs/otros_relatos 

Relatos breves escritos a cuatro manos.

autores : Mariella Maisonnave y fino.


 

martes, 26 de enero de 2021

Vos lo sabes.

                                                         


  
                                                                                                          

 Un café frío y con espuma.

sentado en un escalón vencido

de una escalera mucho más que triste.

Ahí, en frente,

la gente desfila, habla, llora.

Vos abierto

dormido

esperando no sabría decirte qué.

¿Vos lo sabés?

¿Donde estará tu sonrisa, tu lengua veloz?

Me quedé frío como vos,

mis huesos crujen

mis piernas tiemblan

y no sé que decir.

¿Vos lo sabés?

Estar un poco más solo

más indefenso

es parte de este paisaje.

Ellos ahí, en frente

desfilan

lloran y recuerdan.

Los árboles y las hojas caen alfombrando el piso,

abonando la tierra

que nos come poco a poco.

Nos comerá.

¿Vos lo sabés?

Y las risas y las brasas

y las horas posibles, y lo que faltó hacer

y lo de siempre

¿vos lo sabés?

Un café frío y con espuma

mientras miro como te llevan de paseo

lleno de flores.

¿Vos lo sabés?

                                                                                                    a Gustavo.

viernes, 15 de enero de 2021

Adiós.

 


Tu foto y un café junto al cuaderno

tu voz reverberando en mi alma.

La carne y su territorio

tu perfume y los rumores de guerra.

No tengo miedo

ya no queda sangre ni espanto del cual curarse,

sobre las casas, sobre las nubes negras del mal humor.

¿Morirá esta angustia al apagarse la vela?

Miles de años

unas pocas horas

otra carta sin remitente ni destino

en el buzón de nuestra historia.

Ya no querés verme

me duele

me lastima.

De pronto todo es tuyo

mi piel, mi sangre hirviendo

sin duelos

sin pedir nada a cambio

sin duelo ni disculpas

de pronto todo es tuyo.

El débil perfume del tiempo restante

se esfuma al besar mis libros

mis discos

los farolitos de papel.

Es hora de callar.

Las fotos borrosas se van apagando

descoloridas

solo quedan

mis objetos amados

colgados de la estrellas

de los relojes sin agujas ni tiempo.

Decime que sentís

decime que ves

mientras me voy de tu mente.

Él mapa del tesoro, amor

vuela y no regresa.

Decíme que sentís.

                                                                                                                                                                                                                                                         Enero 2021

 (Música de fondo:  Los Restos de Nuestro Amor- Fito Páez)

martes, 12 de enero de 2021

Para qué palabras.

                                             



Mejor no decir

mantener el silencio

retener tu aroma

mientras las paredes caen.

Si los desechos de esta poesía

alfombran tu paso marcando el rumbo

¿Para qué hablar?

Tus palabras que lastiman

las mías y su rudeza  

mejor no decir

y poner flores sobre esa mesa vacía.

Y empiezo a caminar

en los restos de la tarde

con caricias y miserias

¿Para qué hablar?

En el ojo del huracán

recuerdo de besos y caricias

cultivan nuestra certeza

¿Para qué palabras?

Mejor no decir

y poner flores

sobre esa mesa vacía.


 fino.

De Infierno a infierno.

 


 

Escribo una vez más

al derecho y al revés,

una vez y otra más

desde atrás hacia adelante.

Recomenzar bajo un sol que arde

desde el cielo

desde el suelo

de infierno a infierno.

Bajar al papel

este blues simétrico y bestial,

bajar al papel amarillento

cada grano de arena

que va amontonando el tiempo,

que va amontonando el tiempo.

Recomenzar bajo un sol que arde

desde el suelo

desde el cielo

de infierno a infierno.

Escribo a tientas

sobre tu piel y sin tinta

dibujando a carbón en tus muros

con alguna perfumada flor.

fino.

jueves, 10 de diciembre de 2020

Hoteles.

                                            


              

Tu cadera sobre sábanas revueltas,

dormís con collares y tatuajes

sobre los despojos del amor.

Las copas caídas

los envases vacíos

los sudores secos

rotos

quedaron amontonados en el colchón.

Desde la silla

                 (mi trono a tus pies)

te miro dormir

y acuno tus sueños

mientras una vieja melodía

va descorazonándome.

Busco el plano adecuado

por todos lados

por cada rincón,

tu amor es un incendio

que devora puertos

tardes, paredes y silencios.

Ahora solo tengo distancias

que necesito enterrar.

Tengo el ojo inquisidor

y el alma enferma,

mi cabeza quiere y no puede

todo se esfuma

todo se va borrando

hasta desaparecer

apretado en el puño del tiempo.

Será?

 Somos extraños?

Queda poco espacio

y no basta con llevar flores,

con hacer visible el deseo.

Lo que mata es la rutina

no basta con sacarle lustre

a los zapatos gastados.

 

 

fino.

 

 

viernes, 13 de noviembre de 2020

Náufrago.

                                           

 

Perdí las llaves, el tren y la cuenta

perdí las novedades, los sueños, las ganas de dormir

perdí  tus caricias en las noches de tormenta

perdí el tacto, las uñas y la magia de intuir.

Perdí el tiempo, los zapatos, los cordones

perdí mi sonrisa cobarde

las manos invisibles en el fuego que arde.

Perdí un pedazo de algo que había perdido antes.

Perdí la vista y el grito en los terrenos baldíos

perdí mis amigos en la corriente traidora del río.

Perdí las ventanas, las lluvias negras,

perdí el significado, perdí la condena

perdí la obsesión y la próxima reencarnación.

Perdí las naves, la clave

perdí la radio y mis calles,

perdí tus ojos lapidándome

y perdido por perdido fui olvidándome.

Perdí la manía de enderezar los cuadros

de revolcarme el en barro

y de escribir mi apodo en los baños de los bares.

Perdí el flash, perdí el encanto

perdí las marcas, las muelas

y la sangre piadosa del llanto.

No tengo más que echar de menos

o alguna cosa así...

Voy a encender el fuego sobre tierra mojada

mientras sople el viento roto de mi carcajada.

 

 

fino.

Música: Te doy una canción - Silvio Rodríguez.

jueves, 5 de noviembre de 2020

Viaje.

                                                
                 


 

Aún desde tan lejos doy lo que puedo dar

y solo aumenta mi sed.

Aún sigo intentando

ver el otro lado de tu luz

que pesa y corroe.

Estoy lejos

estás lejos

y caímos en la trampa de volver

por los caminos que perdimos.

Te siento,

estoy hurgando 

en los cajones del tiempo

leyendo y mordiendo

letras que escribí por ti.

Estoy lejos

de tus ojos rasgados,

voy trayendo primaveras,

resucitando abrazos olvidados,

invadiendo un amor dormido.

Te siento

somos carne en otra carne

buscando a cuatro manos

parte del tiempo perdido.

Lo siento

la ciudad esta fría otra vez

...aún.

 

fino.

Noviembre 2020.

miércoles, 28 de octubre de 2020

MandrágoraLuna

                                     
                                         



Ante el tedio

asoma una brisa rebelde

desde la profundidad,

es refugio, sinfonía y caricia.

Ante el tedio

el movimiento

la ráfaga calma de la lapicera.

Ante el tedio

el ruido de las cañerías

la lengua, la sangre

y el vidrio pintándose de rojo.

 

Estás sentada en un rincón del baño

clamando por un dios,

esperando que el ciego tedio insatisfecho

muera como la fiebre.

Y sos tan hermosa

colgando en el azul

con un lucero a un lado de tu boca.

 

Ante el tedio

un halo te agiganta

brindándote como agua fresca.

Y sos tan hermosa

en la profundidad de la noche,

noche de hambrientos

de sedientos y desposeídos.

Sos tan hermosa...

y cantás para mi.

 

 

fino.

 

Octubre 2020

 

 

miércoles, 7 de octubre de 2020

El Gen de la Bestia... a la venta también en el exterior... felicidad total.

https://gumroad.com/l/gendelabestia   
(ebook)

Librería : GRINDERMAN LIBROS - T. NARVAJA 1645 - 098 263 550 - 2400 60 12

 o 

 finososa65@gmail.com



 




Librería : GRINDERMAN LIBROS - T. NARVAJA 1645 - 098 263 550 - 2400 60 12

 

martes, 6 de octubre de 2020

Como cada martes

                                                          



Al entrar a la sala totalmente pintada de blanco, Claudia vio a Mario sentado sobre la cama mirando la profundidad del piso cuadriculado.

-Sr. su medicina, debe tomarla –dijo Claudia.

-¡No, no otra vez. No! –protestó Mario.

Claudia dejó la bandeja que contenía la jeringa cargada con un líquido rojo fluorescente sobre la mesa de luz. Una brisa fresca se colaba por el ventanal plagado de rejas.

-Sr. Mario debe tomar su medicina, le hará bien –dijo Claudia mientras acariciaba la cabeza inmóvil del hombre.

Mario, con los ojos vidriosos por el llanto y la impotencia, ya no quería, ya no podía discutir. Claudia tomó la jeringa, un algodón empapado en alcohol y buscando la zona más conveniente del brazo derecho de Mario, le inyectó sin prisa el líquido viscoso.

-¿Se siente mejor señor? –pregunto por formalidad.

Mario entrando en éxtasis, se fue recostando en la cama, mientras la potencia de la droga lo sacaba lentamente de su último instante de lucidez. Alcanzo a decir:

-Me siento morir, como en tu visita del último martes. Y comenzó a caer en la fantasmal alucinación del rostro causante de su insania.

-Inés –dijo él con ternura.

-No soy Inés, señor –replicó ella al tiempo que se arrancaba la túnica y reía a carcajadas.

 

 

fino.

Octubre 2020.

 

 

 


jueves, 24 de septiembre de 2020

Me vas dejando.

                                             


                        

La última canción que te canté

rebota tardía en tu contestador

y un puñado de silencios

construyen el borroso mosaico

de este desencuentro...

                     me vas dejando.

No es casual que perdure tu fragancia,

no es casual que me devore...

                     me vas dejando.

En mi sala

el túnel del tiempo

reconstruye el milagro urgente,

pero puede más tu silencio

tu silencio...

                    me vas dejando.

Levemente un murmullo

me lleva hacia la calle

y esta pétrea rutina va edificando

va agregándole centímetros a la barrera...

              poco a poco

                     me vas dejando.

 

 fino.

 

lunes, 7 de septiembre de 2020

Puertas del hambre.


En plena madrugada despertó por el ruido de sus tripas crujiendo y quemándole el abdomen. Le había costado una enormidad conciliar el sueño con los fantasmas del hambre azotándola como un temporal. No era por falta de comida, era por venganza, por demostrar que si quería, podía cambiar. Esa noche Maribel se había acostado temprano, como lo venía haciendo desde que, embarcada en su revolución, no iba a la facultad. Ya habían pasado tres meses y la dieta suicida que se había impuesto estaba enloqueciéndola. Una fruta a la mañana, ensalada y un huevo duro al medio día. Otra fruta o yogurt descremado a la tarde y un tazón con sopa de verduras en la cena. El mate era insustituible, un compañero inseparable durante todo el día en su encierro voluntario. En el primer mes creyó enloquecer. Por su cabeza desfilaban todos los manjares imaginables. Se flagelaba en batallas mentales contra las delicias más sublimes, contra las más terrenales, al tal punto que una tarde se encontró llorando sentada en el suelo contra un rincón, pensando en una mísera rodaja de pan. Ella sufría, pero más sufría recordando las burlas, los desplantes de sus compañeros de clase cada vez que tenían oportunidad. Sufría con el golpeteo de los adjetivos que la ofendían desde que tenía uso de razón, hasta que un agobio incesante comenzó a marginarla. Sufría. El aislamiento y el dolor en sus entrañas eran apenas zumbidos de moscardones revoloteándole en los oídos. Nadie la había visto desde entonces, para todos ella estaba de viaje. El pedido de las compras le llegaban a la puerta, y no había vuelto a vestirse con sus ropas de siempre. Una bata de color azul era su abrigo y su piel. Pero hoy, era el último día. La última noche. Al llegar la mañana descubriría todos los espejos, quitaría las telas con las que se había ocultado de su propio reflejo.

En la mañana se subiría a la balanza y esperaba encontrarse con un muevo ser.

A las tres de la madrugada decidió tomar una pastilla para dormir. Estaba nerviosa y temblaba de frío. Las entrañas le quemaban y no era por hambre, simplemente era ansiedad. Cuando despertó, el reloj marcaba las cuatro de la tarde. Fue directamente hacia el baño, se metió en la ducha y mientras se enjabonaba comprendió que había perdido toda referencia de su cuerpo. No podía comparar, no encontraba diferencias ni similitudes, dudaba de todos sus cálculos y conclusiones. Lentamente se secó el pelo y la piel. Se quedó desnuda. Caminó hasta el ropero y desde cajonera de la primera puerta sacó la balanza, y luego de retirarla de su caja, la apoyó en el suelo. Sin subirse, Maribel miró la aguja marcando cero en medio de sus pies descalzos, respiró profundamente y dio el paso que durante meses había esperado. Al observar el resultado, no sintió alegría, ni ganas de reír o de gritar. Lo que vio no le impactó como lo había soñado más de mil veces. Era como estar en el fondo de una piscina, en el fondo del mar. Era un vacío dulce, silencioso y mezquino. No pensó nada. No pensó en las burlas, ni en las risotadas de la intolerancia. Recordó su insomnio y su sacrificio para poder encajar en un mundo donde prevalece la idiotez. Bebió la sal de su llanto y desenterró una sonrisa desde lo más profundo de su alma. Sintió felicidad. Sintió vergüenza ajena.

 

fino.

Agosto 2020.